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SE FUE OTRO CABALLERO: José Alberto Giner jugó su último punto en las canchas cordobesas y dijo adiós

SE FUE OTRO CABALLERO: José Alberto Giner jugó su último punto en las canchas cordobesas y dijo adiós

Hay personas que no es necesario que estén en un lugar para saber que han pasado y dejado su marca. Tal vez porque persona y espacio se ajustan tan bien uno al otro que es imposible verlos en otro lugar. José Alberto Giner, el tenista, el abogado, el dirigente, estará siempre ligado al Córdoba Lawn Tenis. Son muchos años de transmitir pasiones, de hacer sentir su voz grave en los pasillos del club y de tener la raqueta como parte de su cuerpo.

Se puede caminar por la explanada frente a la cancha 1 e imaginárselo, en tiempos de juventud, animar algún partido peleado frente a los mejores juniors del país (compartía generación con Guillermo Vilas y Modesto “Tito” Vázquez); o más acá en el tiempo, participando de los duelos ya de veterano, sin resignar ni un milímetro su deseo de ganar. O quizá, con su abrigo negro, verlo tomando su cafecito en el otoño cordobés, mientras analizaba la realidad del tenis con un grupo de amigos.

Siempre equilibrado, criterioso, gustaba de compartir con los amigos las tardes de tenis; de desafiar al que le pase enfrente y tirar alguna broma sobre el “golpe de derecha” de alguno de ellos que aceptara entrar con él a la cancha. Es de los que, jugar y dar todo en la cancha para ganar, era señal de respeto por el rival.

Fue presidente del Club por tres períodos entre 1990 y 1995, pero “caminó” el club desde los 18 años. Se enorgullecía de haber podido traer al club, gestión mediante de José Luis Clerc, al gran Björn Borg para hacer una exhibición; y recordaba con humor la final de dobles que jugó con la camiseta de Talleres (gentileza de su amigo Amadeo Nuccetelli), que sacudió con un escándalo en toda Córdoba.

“Pitoto” puede ser recordado por muchas cosas, pero siempre estará enmarcado en la caballerosidad dentro y fuera de la cancha. Es que pertenecía a esa generación del tenis con normas de etiqueta, de indumentaria blanca, del tenis puro y sin “mañas”. José Alberto Giner no era “jugador de tenis”, era “tenista”, en la sutil diferencia que hay entre una cosa y otra.

Los viejos Caballeros del tenis cordobés se están marchando. No los de armadura, sino aquellos de ropa blanca, los de los duelos ajustados en espíritu y orgullo, los de “los piques bien cantados”, los del respeto por el rival y el público. Los que fueron ejemplo y modelos, que hoy tanta falta hacen. Los miembros de una generación de vida de club, con la intimidad familiar y de la corrección como norma de vida.

Una implacable enfermedad lo desafió en el último partido de su vida y él la enfrentó como hizo mil veces. Como en las canchas de tenis, lo dio todo. Él sabía que el partido no se termina hasta la última pelota.

La pucha que te vamos a extrañar. ¡Hasta siempre, “Pitoto”!
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