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Los 68 años de Ángel Clemente Rojas, un ídolo sin igual

Los 68 años de Ángel Clemente Rojas, un ídolo sin igual

Ángel Clemente Rojas, un ídolo que fue tal vez el depositario de la mayor demostración de afecto del hincha de Boca Juniors durante la década de los +60, destacó en el día de su cumpleaños número 68 que "no sé si el fútbol habrá cambiado mucho hoy en día, pero sí es seguro que antes a los jugadores se los quería más".

El delantero de la cintura mágica que debutó en la primera de Boca el 19 de mayo de 1963, en un partido ante Vélez Sarsfield que los +xeneizes+ ganaron por 3-0, esa tarde gris realizó dos jugadas con su sello, a pura gambeta, para servirle a Omar Orestes Corbatta dos de los tres goles del +Loco+, pero el que salió en andas y con nombre definitivo fue "Rojitas".

"Ese día en La Bombonera había un clima especial, hacía una semana que se hablaba de mi debut, pero yo no me daba demasiada cuenta de eso. El domingo anterior había jugado en la tercera, contra Estudiantes. A mitad de semana me pusieron en la reserva, contra San Lorenzo. Y el domingo siguiente, Pedernera me puso en primera", recuerda Rojitas.

Lo que siguió fue un relámpago de varios meses: goles, billetes, gambetas, magia, más goles, más billetes y la calabaza que se hizo carroza en la final contra el Santos de Pelé en La Boca, que a pesar de la derrota boquense, era ya un hito para ese pibe que de los potreros de Sarandí había trepado a la cima del fútbol argentino.

"Uno recién se da cuenta del cariño de la gente cuando agarra un poco de trote. Al principio no me daba cuenta de nada, pero los compañeros fabulosos que tuve me hablaban y me hacían entender que era el mimado de la hinchada", señala al remarcar esos nombres: Antonio Roma, Silvio Marzolini, Norberto "Beto" Menéndez, Oscar "Pocho" Pianetti, "hoy me llamaron casi todos, es un cariño que no se puede olvidar, como así el recuerdo para el Beto, que ya no está".

Una lesión complicada tras un choque contra un defensor de Huracán, Juan Carlos Devoto, lo dejó sin jugar hasta mediados de 1964, cuando la noche tenía también un peso importante. Las lesiones y la vida nocturna nunca fueron buenas amigas.

"Noche, mujeres y tragos hubo siempre, muchacho. El asunto es que ahora hay 15 cámaras siguiendo a cada jugador y entonces parece que es algo nuevo, pero eso siempre estuvo y seguramente perjudicó a muchos de nosotros. Lo lindo es que a pesar de eso, hoy te encontrás con la gente que te vio en aquella época y el cariño es enorme, te invitan a su casa, te regalan recuerdos de la época, no te olvidan", sostiene Rojitas desde la más pura emoción.

Desfilan entonces los hitos de Rojitas que el hincha de Boca genuino, el del aliento incondicional y desinteresado, no olvida: aquel partido del 8 de diciembre de 1965 contra River en La Bombonera, una actuación descollante para ganar 2-1 y asegurarse el campeonato de ese año con un gol de Menéndez faltando 3 minutos. Fue el día que nació la rivalidad con Amadeo Carrizo.

"Después vino esa anécdota de la gorra que le arrebaté en el Monumental en 1968 porque me mandaron los boludos grandotes, y el lógico enojo de Amadeo, un grande de verdad. Por suerte la vida nos hizo amigos y hoy nos reímos de aquellas cosas", señala con respeto.

El mismo que muestra para recordar a otro jugador de River, "Ermindo Onega, un crack y una gran persona. Fuimos compañeros en la Selección Argentina del Mundial '66, en Inglaterra, era un señor con todas las letras", rememora.
Fueron cuatro campeonatos en total los ganados con Boca Juniors: 1964, 1965, 1969 y 1970, además de la Copa Argentina de 1969, para redondear 222 partidos y festejar 79 goles.

En 1969, el cielo parecía nublarse con la designación de Alfredo Di Stéfano como director técnico, quien había sido muy clarito desde el arranque: "Si Rojitas no se entrena a la par de sus compañeros, no juega".

Los referentes, los mayores que siempre lo habían cuidado, hablaron con el entrenador y le explicaron lo importante que era Angel Clemente Rojas para Boca y para las recaudaciones, sostén de los clubes en esa época. "No juega", insistió Di Stéfano.

"Si quiere que corra, voy a correr, y si quiere goles, va a tener goles", fue la respuesta de Rojitas, quien se daba cuenta de que el DT llegado de España estaba armando un equipo de gran nivel. Se entrenó, corrió e hizo goles de todo tipo, a pura gambeta, de cabeza y hasta de rebote. Boca ganó el Nacional 1969, y Rojitas fue el goleador del equipo junto con Norberto Madurga.

Boca iba a repetir ese título al año siguiente y Rojitas dejaba uno de sus últimos grandes aportes: en la final contra Rosario Central, en cancha de River, convirtió el gol del empate a 9 minutos del cierre, para que en el alargue final, Jorge Coch pusiera el 2-1 del campeonato.
Una pelea con el todopoderoso presidente de Boca, Alberto J. Armando, lo alejó de Boca a fines de 1971. Se fue a préstamo al Deportivo Municipal de Perú en 1972, y regresó en 1974 para jugar en Racing, Nueva Chicago, Lanús (ascendió a primera en 1976), y retirarse en Argentino de Quilmes.

Pero esa es otra historia. La de hoy tiene que ver con el afecto y con el asado que preparan sus amigos para esta noche, mientras el teléfono no para de sonar. "Si le das satisfacciones en la cancha y si no le fallás, la gente te va a querer toda la vida. Ellos veían en el jugador a la continuación del hincha: si perdías contra River ese domingo no cenabas de la bronca. Ahora salen hablando todos por celular y a la noche se encuentran en la discoteca. Los tiempos han cambiado", dice Rojitas. Los tiempos, puede ser, pero los afectos no: el amor genuino del hincha sigue siendo inoxidable.

Extraído de Télam. Autor: Héctor Sánchez
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