PEDRO D' ALESSANDRO, KARATE: “El mayor logro de una persona que enseña arte, es que su arte no muera” (6° DAN de la KaizenKan, Instructor del Colegio Robles)
José Ortega y Gasset acuñó la célebre frase “yo soy yo y mi circunstancia”. El filósofo y ensayista español se refiere a que el entorno, todo lo que nos rodea, nos condiciona e influye en cada movimiento que hacemos. Agregó que la vida nos es dada, pero no es dada hecha; tenemos que hacerla nosotros”.
En ese camino, Pedro D’ Alessandro, 6° DAN de la escuela KaizenKan e instructor de karate en el Colegio Robles, ha ido adaptándose a ese entorno y modificándolo. Escurriéndose entre esas circunstancias ha logrado, a través del karate, encontrarse a sí mismo, abrirse camino y transmitirlo a sus alumnos.
Sus inicios en el karate no difieren mucho de lo que puede pasar con muchos chicos. Su papá, cuando eran unos niños, lo llevó a él y a su hermano Vito para que aprendieran a defenderse. Su primer Dojo fue en la calle Suipacha, donde por esas cosas del destino, su Sensei sería Roberto Gerban que, por esas cosas del destino, cumplen años el mismo día. “Haga lo que pueda”, le dijo el padre al sensei, y los dejó.
El destino dio sus vueltas: dejó en cinturón naranja, viajó a Italia, se entusiasmó con volver al karate, y se reencontró con el Sensei para continuar su carrera. Egresado del Colegio Robles como técnico electrónico, quedó como administrativo en la institución educativa. Y 1 + 1, terminó enseñando karate en el Colegio de siempre desde el 2022.
El equilibrio buscado
Para comprender sus clases, primero hay que comprenderlo a él. Autodefinido como impulsivo, sentimental y familiero, para Pedro D’ Alessandro el “karate es lo que me da el equilibrio. Como todo en la vida hay que buscarlo. El Karate me hace luchar conmigo mismo para encontrarme”, define.
Pedro continua: “Vengo de una familia tradicional italiana, hay mucho choque cultural. El karate trae la cultura okinawense, nací en argentina, y soy hijo de italianos. Ya de por sí es difícil lidiar con dos culturas, imagínate si adoptás otra”.
Para él, que prefiere que lo llamen instructor, “uno ya viene con una matriz y lo potencia. Vos no naces sabiendo, te vas perfeccionando. Sos un eterno aprendiz. Así como en karate veo a mis senpais, también miro a los de abajo, porque de ellos aprendo. Dando clases comprendí muchas cosas de la base del karate, y logré perfeccionar eso, modifiqué cierta base para hacerla más perfecta”.
-Le pones tu impronta.
-Siempre. No modificás las técnicas, las perfeccionas teniendo en cuenta cómo es la base. La podés enseñar en forma de espejo, y otras veces lo hago mirando de frente para que no se acostumbren de una sola forma. También trato de que aflore el arte en ellos, en forma de arte marcial, y el arte es creación.
-Te apasiona el karate.
-Así es. Me acuerdo una vez que Roberto (Gerban, el Sensei) nos juntó a todos los chicos, eramos niños, y nos preguntó qué nos gustaba del karate. Mi respuesta fue “porque me encanta”, y me encanta, me apasiona, por el hecho de que me ayuda al día a día. Lo acoplé en el día a día, y ese estilo de vida me permite potenciar mis sentidos.
-¿Qué querés lograr de tus alumnos?
-Yo enseño arte marcial, me gusta mucho más lo tradicional. Al enseñarles un arte, les enseño a que amolden el karate a su forma. El mayor logro de una persona que enseña arte, es que su arte no muera; que lo que uno transmite a sus alumnos, ellos lo sepan transmitir como uno lo hace. Creo que todos los docentes no solo quieren que sus alumnos los superen, sino que vuelquen su conocimiento a generaciones futuras. Sabiendo que alguien lo va a transmitir con la misma pasión que uno, uno no se guarda nada cuando enseña. Si me guardo algo, estoy fallando.
-¿Cómo lográs eso?
-Tengo alumnos de 6, 7, 8, 9 años. Una vez los chicos se formaron solos y empezaron a hacer base de puños y patadas. Mejor que si hubiese dirigido yo. Entonces me dije que estaba “haciendo algo bien”. Ellos conocen el ritmo de la clase e incorporan, crean, su arte propio. Estamos incentivando el arte en los niños, arte marcial, bien enseñado para defensa. Les insisto mucho en eso, que es para defenderse. Eso también es educar.
-¿Qué valor le das a ascender en el camino del karate?
-DAN significa orden, soy 6° DAN. Uno cuando practica karate y lo lleva al arte, no importa el orden que tengas. Lo que querés es absorber conocimiento y saberlo transmitir, ese es el camino; no es llegar a cinturón negro. No hay que pensar en eso, porque a mayor DAN, mayor responsabilidad. Uno no se fija cuánto falta para séptimo u octavo DAN, no interesa, vivo mi momento.
-¿Hacia dónde va el karate?
-Ahora esta mutando, se va mucho a lo deportivo. Se esta haciendo muy comercial. Si veo un combate de karate deportivo me desilusiono porque desvirtúa la realidad. El Karate debería imitar el modelo de la gente de taekwondo, sin perder la esencia del arte. Saber enseñarlo de dos formas, en lo deportivo y lo tradicional. Teniendo eso en claro, vamos a tener un artista marcial y atleta deportivo completo.
-¿Sos más docente o más karateca?
-Soy Pedro, y transmito lo que sé, de la forma en que me enseñaron. Me gusta que las cosas se hagan bien, que el 1+1 sea 2. Si enseño una posición, que es la base, quiero que se haga bien, lo otro va a salir solo.
Ortega y Gasset hablaba de "salvar" el entorno, es decir comprenderlo, aceptarlo y mejorarlo. Al transformar o rescatar lo que nos rodea, logramos realizarnos y salvarnos a nosotros mismos.
Pedro D’Alessandro, instructor, impulsivo y familiero, ha logrado “salvar” su entorno. A través del karate, escurriéndose entre sus circunstancias, pudo comprender su propio contexto y mejorarlo. Así puede transmitir a sus alumnos el arte que le ha dado equilibrio en su vida, y que ellos sabrán hacerlo trascender, con la misma pasión que él lo hace.
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