“EL CHINO” FERNÁNDEZ (2): El emotivo momento en el que pidió permiso para jugar al golf

Carraspea. Trata de hablar. “Hubo un quiebre… y ahora el que se va a quebrar soy yo”, advierte. Vicente “el Chino” Fernández recuerda el preciso momento en que su futuro de golfista se decidió en una mesa familiar para él, sus padres y sus siete hermanos.

“Tenía la ilusión de seguir como profesional. Le había hecho de caddie a un profesional del club, Ángel Campos, y cuando tenía 13 años me preguntó si me gustaría ser profesional. Le dije que sí, y me dijo: ‘yo te voy a ayudar pero es muy duro eh?’. Y le dije: me gusta. A los 16 llegó este cuestionamiento (era aspirante a profesional y tenía costos que afrontar) y la carga de no aportar a la casa. Mis otros hermanos lo hacían. Cuando tenía casi 17 mis padres me consiguieron un trabajo, y eso me quitaba 6 horas de entrenamiento porque tenía que trabajar de noche para poder tener el día para entrenar. Volvía tarde y no tenía descanso, no me daba el físico. Se lo comenté a Ángel Campos y me dijo: preguntale … (Vicente hace silencio, toma un respiro). … Le debo a muchos, la lista es muy larga para la gente que le debo”, reflexiona. 

-Pero ya les devolviste, aprovechaste lo que te dieron.
-Tal vez sea cierto… en cierta forma estoy devolviendo porque he marcado una conducta, la continuidad de la educación de mis padres, encontrarme con este tipo de gente me ayudó.
“El Chino” continúa con el relato: “Ángel Campos me dijo ‘preguntale a tus padres cuánto quieren que vos aportes para que puedas seguir en el golf. Pedile tres años y yo aporto lo que haya que aportar’. Un día, en una mesa larga, eramos 10 en la casa, todos reunidos para almorzar. Después de almorzar pedí la palabra. Delante de todos les plantee a mis padres, ya que me habían conseguido un trabajo, que yo no podía hacer las dos cosas, que cuánto querían que yo aportara, porque Ángel Campos me iba a dar el dinero para que me pudieran seguir por tres años”.

-¿Cómo reaccionó tu papá?
-No, mi mamá. Mi mamá era chiquitita, estaba en la cabecera de la mesa con mi papá. Yo estaba parado, diciéndoles eso, y primero se paró mi mamá, y después mi papá. La que habló fue mi mamá en nombre de los dos. Y dijo: ‘nunca le pusimos ningún precio a nuestros hijos, solamente lo hicimos porque veíamos que te costaba mucho llegar a fin de mes con tus gastos personales, nada más. Decile a Campos que muchas gracias, que si algún día lo necesitamos se lo vamos a pedir, pero lo que queremos es lo mejor para vos’”. 

Aparecen las lágrimas del “Chino”. Sigue como puede: “y me dejaron. Había pedido tres años, y a los dos, gracias a Dios, empecé a tener buenos resultados en los torneos, a poder pagarme los gastos, y a poder aportar algo en la casa. Empecé a sentir que estaba retribuyendo”.


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