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KARATE DO EN CÓRDOBA: Las grandes raíces que confluyeron en la KaizenKan, la escuela que unificó cuatro líneas históricas de Shorin Ryu

KARATE DO EN CÓRDOBA: Las grandes raíces que confluyeron en la KaizenKan, la escuela que unificó cuatro líneas históricas de Shorin Ryu

El "Camino de la Mano Vacía" no es una ruta única. A lo largo de los siglos ha desarrollado distintos senderos, que hoy siguen miles de practicantes en todo el mundo. En este proceso evolutivo, fruto de la experiencia y el conocimiento de casi 50 años de práctica y estudio del karate do, el sensei Roberto Gerban ha trazado su propia línea, la KaizenKan, o la Casa de la Mejora Continua.

“KaizenKan es la suma de cuatro de esos Caminos (Maestros): el de Shoei Miyazato, Yoshihide Shinzato, Tsuguo Toma y Sokon Matsumura”, adelanta Gerban. “Me acerqué a algunos kata, me interioricé y los fui incorporando a lo que nosotros hacemos. Fui alumno de Miyazato y de Shinzato; a Toma no lo tuve de sensei, pero sí muchos de los compañeros de la KaizenKan lo tuvieron y de ellos aprendí”.

El Sensei aclara que “todos pertenecen a la línea Shorin. La diferencia entre Kobayashi (de donde se desprende el Sensei Shinzato) y Matsumura, es que Kobayashi es una línea defensiva si se quiere, y Matsumura es totalmente ofensivo, aunque hay muchas otras diferencias”.

La motivación del Sensei Gerban surge porque “en el karate hay un montón de cosas que han quedado detrás. El karate tiene lances, luxaciones, barridos, agarres, que no fueron desarrollados. Mi idea es desarrollar todo eso”, advierte. 

Gerban se entusiasma, y sigue: “Lo que estamos haciendo es el estudio permanente, aprendiendo todos los días cosas nuevas en base a ‘lo antiguo’. No podríamos aprender esto nuevo si no hubiese aprendido lo de antes. Por eso estoy eternamente agradecido de todos mis Maestros, no reniego de ninguno”.

El Sensei se ocupa de destacar a Héctor González: “Fui su alumno y aprendí mucho. La vida me llevó a estar al frente de la KaizenKan, que es la sumatoria de todas estas experiencias y tratar de transmitírselas a mis alumnos”.

Para el creador de la KaizenKan, “mis alumnos no son de nadie, son libres, lo único que mantiene unido a un grupo de personas es la lealtad y el amor. Si a uno le falta lealtad y amor, y esa unión se basa en la parte económica o didáctica, es ficticio, están por conveniencia. Acá los que estamos, estamos porque nos aguantamos, nos conocemos, nos queremos y nos corregimos entre nosotros”.

DE LAS GRANDES RAÍCES AL FRUTO

Shoei Miyazato. “Tomé la estructura de escuela, el protocolo, la disciplina, que es fundamental la disciplina en karate. Si se pierde la disciplina, la meditación, se pierde todo. También la potencia y la velocidad de reacción”.

Héctor González. “Compartí mucho, fuimos grandes amigos. De él saque el gran carisma que tiene para con sus alumnos”.

Yoshihide Shinzato. “Era más suelto como Sensei, permitía algunas diferencias técnicas de sus alumnos. Daba más libertad de movimiento. Acá todos somos Kaizenkan pero cada Dojo tiene su identidad. Tienen libertades y flexibilidad para encontrar su forma de ser. Lo que nos une son los kata y los bunkai, todo el alumnado los hace igual porque eso rendimos, pero cada instructor los enseña de una forma u otra”.

Tsuguo Toma. “Es el lugar donde estamos, la casa que hizo el Sensei Toma es la nuestra ahora. Aprendo de mis alumnos como si aprendiera de él. Era muy duro, muy exigente, pero hoy seria un sistema de entrenamiento que hoy no funcionaria. Es obsoleto para los tiempos que corren".

Sokon Matsumura. “Es una línea muy antigua, de donde vienen todas las otras líneas. No es una línea muy vistosa, pero sí muy efectiva. La línea ortodoxa quedó a cargo del Hanshi Fusei Kise hasta su muerte, de quien me interioricé de las formas y fui copiando”.

-La KaizenKan, ¿cuánto tiene de okinawense y cuánto de una adaptación latinoamericana?
-Hay que hacer una diferencia entre karate japonés y okinawense. Lo nuestro es totalmente okinawense, Shorin lo es. Las distancias son más cortas, los desplazamientos más rápidos. Cuando alguien empieza a hacer karate tiene que preguntarse cómo lo hago, y una vez que lo domina, pasa a preguntarse por qué lo hago. Cuando lo tengo definido, ese pasa a ser “su” karate.

“Mis Maestros me decían ‘haga su karate’, y no entendía lo que era. Es esto, poner la impronta personal de cada uno, sin dejar lo que uno aprendió. En el karate está todo inventado, pero no está todo estudiado. Esa es la diferencia, hay algunos que inventan y se equivocan, y otros copian y también se equivocan. La clave es investigar sobre lo aprendido”, concluyó.

Esa impronta de “su” karate es la que lo llevó a abrir un nuevo camino, una escuela de aprendizaje permanente, de vivencia del karate, en la que la disciplina de vida trasciende lo técnico. Una escuela, la KaizenKan, en la que aspira que la “mejora continua” logre trascenderlo a él mismo.
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