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KARATE CÓRDOBA: El mítico Dojo KaizenKan, punto de convergencia de tres escuelas con raíces en Okinawa

KARATE CÓRDOBA: El mítico Dojo KaizenKan, punto de convergencia de tres escuelas con raíces en Okinawa

Hay lugares que, por historias acumuladas, van ganando su espacio en la memoria colectiva de cada deporte. Nadie discute al centenario Córdoba Lawn en el tenis; el Córdoba Golf Club de Villa Allende, cuna del “Pato” Cabrera y Eduardo Romero; al Gigante de Alberdi de Belgrano, o la Boutique de Talleres en el fútbol.

En el Karate de Córdoba, el Dojo de av. Castro Barros al 723 puede considerarse ese espacio con la mística de las artes marciales, más específicamente del karate. Nacido a mediados de los ‘70, construido por el Sensei japonés Tsuguo Toma con el único fin de la práctica de las artes marciales, hoy es la “casa” de la escuela KaizenKan, que dirige el sensei Roberto Gerban, cuya escuela es la síntesis de tres líneas del karate okinawense: las del sensei Shoei Miyazato, la de Yohishide Shinzato y la del propio Toma.

Su construcción

A mediados de los ’70, Tsuguo Toma transmitía su karate en un Dojo ubicado en la parte de atrás de su tintorería, a unos 150 metros del actual. Con el tiempo logró adquirir este terreno con una idea fija: construir un Dojo amplio, pensado específicamente para las prácticas de artes marciales. “Era un terreno con un desnivel tremendo, lleno de paraísos, como un basural. Compró este terreno y veníamos los alumnos los domingos, desyuyábamos esto y volteábamos los árboles. Había cualquier cantidad de paraísos -recuerda Gustavo Lescano, hoy integrante de la KaizenKan-. Después hizo este Dojo hermoso”.

Tsuguo Toma era japonés, de Okinawa, más precisamente de la Ciudad de Nago. Llegó muy joven a Sudamérica. Luego de pasar por Bolivia y Río Cuarto, se radicó en la Ciudad de Córdoba. “Toma era el mejor karateca que vi en mi vida, era el Maradona del karate, era extraordinario. Si bien era otra época y otro karate, él era muy rústico en la formación. Tenía el gran problema del idioma, y una pedagogía muy oriental, muy marcial”, agrega Lescano.

Tan estricto era que “sus graduados no deben llegar a 20 cinturones negros, no como otra academia, más grande, que sacó cientos de cintos negros. Toma era una persona sumamente estricta. En una clase si vos hablabas o te distraías, te echaba. Te decía ‘vo’ vaya’, te tenías que ir. Tenía una actitud muy marcial”.

Nace la Casa de la Mejora Continua

Con el tiempo Toma se fue a Buenos Aires, donde refundó su Academia, y el Dojo quedó abandonado. Aún mantenía su piso de Parqué, su enorme estructura y un ingreso con un Torii rojo que sirve de antesala. Para el 2015, el sensei Roberto Gerban lo reabrió para fundar su escuela, integrando las tres líneas mencionadas en una sola: la Shorin Ryu KaizenKan Argentina.

Desde allí comenzó una rápida expansión. Hoy cuenta con 10 Dojos en Córdoba, y otros en San Luis y Jujuy, que trabajan bajo su línea de formación. Rediseñó su programa de enseñanza sintetizando y mejorando lo aprendido en la tríada de karate okinawense, recuperó las instalaciones, y es un espacio que respeta la cultura, las tradiciones y el entrenamiento de sus tres Maestros. El respeto, la disciplina, la práctica y el aprendizaje constante son sus banderas.

Hoy, todos los lunes, miércoles y viernes, sus alumnos se reúnen en el Dojo para la práctica del karate. Y como para darle un toque de misterio, hay quienes han visto algunas cosas “extrañas”. 

“Cuando me contaron me reía, nunca creí en esas cosas. Pero el otro día estábamos haciendo aikido y la bolsa se empezó a mover sola. Se puede mover por un golpe de aire, pero cada vez se movía más y yo estaba al lado y no había golpe de aire. Así que no sé, ¿qué querés que te diga?”, reflexiona Lescano con aire de incredulidad. Y agregó: “Según ‘el Vasco’ (un cuidador del Dojo), se le apareció un hombre bajito con karategi, fueron a ver y no había nada. Él afirma que siente cuando golpean la makiwara. No soy de creer en esas cosas, pero algo hay”.

El Dojo de av. Castro Barros 723 no necesita de estas “experiencias” para tener la mística de los espacios con historia. Pero cada vez que la bolsa se mueve sola, o hay un sonido extraño, tal vez sea el espíritu del sensei Tsuguo Toma que cada tanto viene a practicar karate en su Dojo, contento porque ese espacio que supo construir, continúa en parte la línea que trajo desde su Okinawa natal.

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