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​“El Peque” Diego Schwartzman, un Gigante del tenis con nombre de crack

​“El Peque” Diego Schwartzman, un Gigante del tenis con nombre de crack

Diego Sebastián Schwartzman Dáiez ya puso sus dos pies en el ATP Finals de Londres, y a partir del 15 de noviembre estará protagonizando uno de los máximos logros que puede alcanzar un tenista de estas latitudes: jugar el torneo de Maestros que reúne a los ocho mejores tenistas de la temporada.

Sólo siete tenistas argentinos jugaron antes el torneo de Maestros: Guillermo Vilas (ganador en 1974), José Luis Clerc, Guillermo Coria Gastón Gaudio, David Nalbandian (campeón en 2005), Mariano Puerta y Juan Martín Del Potro. Pero lo sorprendente de “Peque” es que llegó a ser crack con un crecimiento paulatino y ascendente, consolidando paso tras paso, y superando varias adversidades.

Schwartzman, nombrado Diego en honor a Diego Maradona, era el menos destacado de una prometedora generación de tenistas juniors que dominó las competencias continentales y llegó a destacarse a nivel mundial: la Generación de 1992. El tenista de Náutico Hacoaj era el vagón de cola de otros jugadores de perfil más alto, como Agustín Velotti, Facundo Argüello, Andrea Collarini y Renzo Olivo.

Su baja estatura era un condicionante para la evolución de su tenis, que compensó magistralmente con un juego inteligente, agresivo y con visión de futuro.

“Mi respuesta es siempre la misma: tengo problemas peores que ser 10 centímetros más bajo que todos los demás. Cuando entro a una cancha de tenis, no pienso en lo alto que soy o cuánto más grande es mi oponente. Mi altura no va a cambiar. No voy a despertar con el tamaño de John Isner o Ivo Karlovic”, dijo en una entrevista concedida al sitio del ATP Tour.

Tenis y tenacidad, su mejor capital

En los 80, la familia Schwartzman era acomodada, pero hacia 1990 una serie de malos negocios les cambió su realidad. “Mi familia lo perdió todo. De repente, Mi familia ya no tuvo más negocios, ya no tuvo más casas ni autos adicionales. Solo éramos yo, mis dos hermanos mayores, mi hermana mayor y mis padres tratando de ganarnos la vida”. Y agregó: “Debido a que no teníamos mucho dinero, fue realmente difícil comenzar a jugar tenis o cualquier otro deporte. Realmente no nos lo podíamos permitir. Pero jugué tanto como pude”.

“A medida que pasaron los años, me di cuenta de que en el tenis, la mayoría de las cosas dependían de mí y no de otras personas a mi alrededor –afirmó Diego-. Todo dependía del esfuerzo que ponía, y había un encanto en saber que sería recompensado por el trabajo que hice. También era mejor en el tenis que en el fútbol, así que quise tomarlo más en serio”.

Empecé a viajar a muchos torneos con mi madre. Mi padre nos prometía que nos había reservado un buen hotel con TV, computadora, Internet y todo lo que necesitábamos”. En realidad eran hoteles en los que no había televisión y tenían que compartir la cama. “No teníamos otra opción. Esto era lo que podíamos permitirnos”, recordó. Incluso llegaron a vender pulseras de goma para obtener dinero para pagar los viajes a los torneos.

A los 13 años comenzó a viajar por Sudamérica para competir en el circuito Cosat, y “lloraba en el avión. Quería estar con mi familia. Pero jugar esos eventos fue parte de mi viaje. Y sé que incluso si esos tiempos fueron difíciles, me ayudaron a ser un mejor competidor”.

A esa edad un médico le dijo que nunca sería más alto que 1.70m lo golpeó mucho y pensó en colgar la raqueta. “Mis padres no me dejaron bajar. Me dijeron que mi altura no debería influir en mis sueños. Y afortunadamente, cuando tenía 15 o 16 años, comencé a tener muchas personas alrededor que intentaron ayudarme con dinero, viajes, entrenador, todo”.

En 2010, Agustín Velotti le ganó a Andrea Collarini una final argentina junior en Roland Garros, mientras Schwartzman todavía tenía su tenis dormido. “Nunca fui uno de los mejores juniors: el único Grand Slam junior que jugué fue la clasificación del US Open 2010, donde perdí en la primera ronda. Pero una vez que me convertí en profesional, nunca dudé de mí mismo, sin importar las probabilidades”.

Capitán de tormentas

El duro camino de los inicios le enseñaron mucho a Schwartzman. El tenista fue templando su carácter a partir de las adversidades, y sumando confianza sabiendo que lo peor ya pasó. Hoy está mano a mano con los mejores tenistas del mundo, y el ATP Finals es la confirmación. “Siempre tuve confianza en mi juego y mi carrera. Siempre pensé que podría hacerlo. Aquí estoy ahora, compitiendo con los mejores jugadores del mundo”, razonó.

Su experiencia le permitió apreciar otros aspectos de la vida: “saber por lo que pasó mi familia me enseñó valiosas lecciones sobre la importancia de la familia y me dio una mejor comprensión de cómo ver el panorama general en lo que respecta a los deportes. Pase lo que pase en mi carrera, nada se comparará con lo que mis padres soportaron. Se trata de no dejar que los momentos difíciles te desanimen y usarlos como motivación para ayudarte a convertir una mala situación en algo bueno”.

Y valoró: “nunca imaginé que mi carrera estaría donde está ahora. Pero no importa con lo que me haya enfrentado, siempre he trabajado duro y creo que superar esos obstáculos me ha convertido en un mejor competidor y una persona aún mejor”.

Después de superar esas adversidades, hoy tiene tres títulos ATP, siete finales, fue semifinalista de Roland Garros, es el 9 del mundo y jugará el Torneo de Maestros por primera vez. De aquel niño bajito, en el que pocos creían, pasó a ser hoy uno de los mejores tenistas del mundo. Todo eso, le permite dejar un mensaje: “cree en ti mismo sin importar nada, da todo lo que tienes y un día, incluso si mides 170m, también podrás cumplir tus sueños”.
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