LOS ZUBERBUHLER: La vitalidad no se pierde con los años
El sonido de los benteveo es ensordecedor. Mientras, cuatro o cinco zorros recorren la explanada de La Posada, esperando algún pedazo de pan de los comensales. En El Potrerillo de Larreta, el hogar de Ignacio y Cynthia Zuberbuhler, la naturaleza puede tocarse y sentirse. Allí, en medio de los cerros del Valle de Paravachasca, ambos disfrutan desde hace 45 años de un predio con paisajes y un campo de golf que despiertan admiración por su belleza. El tiene 89 años, y ella 79. Y lejos de reposar, retroalimentan vitalidad con el lugar.
“Jugamos juntos sólo dos veces por semana, hay muchas cosas que hacer –afirma Cynthia–. Y a veces juego con mi hija, mi nieta, o una amiga que vieneâ€.
“Salimos siempre a jugar juntos al golf, cosa que a veces no resulta para el hombre. Llega a haber casi divorcios –bromea Ignacio–. Lo que pasa es que juega mucho mejor uno que otro, y en el golf debe haber cierta paridadâ€.
Y Cynthia no deja de marcarle la pelota: “Ahora jugamos más o menos igual –dice–. ¿Cierto?â€.
Ignacio, arquitecto de profesión y veterinario de vocación, es capaz de hablar de política, economía y matizarla con consejos sobre golf. “Si sos principiante poné el tee en todos los golpes, eso te educa el swingâ€, dice mientras rescata anécdotas sobre su pasado de aviador, historias de su abuelo Enrique Larreta o su papá, Adolfo Zuberbuhler, o su curiosidad por todo. “Siempre me ha gustado estudiar el porqué de las cosasâ€, remarca. Cynthia, más directa y concisa en sus expresiones, demuestra su sensibilidad en el cuidado de su jardín, su admiración por la naturaleza o su colaboración en obras benéficas, y en la amabilidad de una buena anfitriona.
Lograr la cancha de El Potrerillo de Larreta, que incorpora arroyos, cerros y flora y fauna, no fue sencilla. Mantener el paisaje natural insertando un campo de juego exigió una delicadeza y una sensibilidad especial en la percepción de proyecto. Pero la superación ha sido siempre una consigna en sus vidas, incluyendo el deporte.
“Empecé a jugar de viejo, a los 50 años. Un montón de amigos míos jugaban, y me convencieron. Llegué a 10 de hándicap como máximo, más no pude bajar. Ahora soy una calamidad, se me oxidó el aparato (bromea). Es un deporte muy lindo, que se puede jugar hasta … (hace una pausa) ¡viejo!†comenta él. Y ¿qué pone de su personalidad en un campo de juego? “Reconozco que he sido un poco alocado en mi vida, en todas mis cosas. He sido igual en el golf. Si puedo tirar por encima del árbol lo hago. En el deporte hay que tratar de dar el máximoâ€.
¿Y usted Cynthia? “Juego desde los 33 años y trato de hacer las cosas como se deben hacer. Me dicen que soy leguleya, pero no hay que molestar al otro, hay que hacerle caso a las reglas. No tengo una forma de ser para jugar al golf, si juego muy mal no me enojo, me deprimo. Y me dedico a mirar pájaros. Hay días en los que no podes corregir lo que estás haciendoâ€.
- ¿Sólo juegan o hablan de temas de la familia y la casa?
-Jugamos al golf, ¡qué vamos a hablar! Te distrae. Cuando estoy jugando prefiero no charlar.
Salvo que la naturaleza se imponga. “Hablar con una persona rinde poco. Te saca de juego, pero pasa!â€. Y mira a Cynthia: “Cuando jugamos y vimos dos cardenales, que no es común acá, dejamos de jugar para verlos. Los pájaros nos gustan muchísimo a los dosâ€, agrega él.
-¿Qué disfrutan del golf?
-Estar metida en la naturaleza me fascina. Y soy de familia inglesa y el deporte es casi tan importante como el estudio. Hice golf, windsurf, tenis, esquí acuatico, fui a un colegio inglés con muchas horas de jugar al tenis y al hockey. El deporte es parte de mi vida, hay que tener dos o tres deportes en la vida, es muy importante. Y a esta cancha la disfruto mucho, porque conozco cada árbol. Puedo caminar de noche sin problemas, acá vivo desde hace 45 años (Cynthia).
-Es una cosa muy compleja. Porque es lindo hacerlo con buen paisaje, aparte del golf en sí. Es una sensación rara el hecho de pegar los tiros y que salga bien da placer, no sé porqué. Deprime ir decayendo cada vez, pero dentro de todo estoy con un pequeño impulso para pegar mejor. Y me gusta esto.
Pero por otro lado, Ignacio muestra un video en el que se lo ve haciendo windsurf a los 87, actividad que todavía sigue practicando. Disfruta de la adrenalina.
-¿Qué los apasiona?
-Me apasiona el windsurf, me apasionaba el polo. Hacía deporte de aviación, me apasionaba. Volé 55 años de mi vida y me especialicé en acrobacias. Me encanta leer y me da bronca no tener tiempo. Leo el diario para estar al día, y trabajo todavía bastante, más de ocho horas por día. Al Club House lo hice yo, y a las reformas de ‘la casa’ (la actual Posada). Tenía que hermosear la casa, y creo que me salió (Ignacio).
-El golf me apasionaba más antes. Me gusta hacer el deporte no mirarlo, porque me aburro. Pero en una época iba a todos lados a jugar, todos los sábados (Cynthia).
-¿Qué es el golf, Don Ignacio?
-Es un ejercicio que lo saca a uno de una serie de problemas que puede tener en la cabeza. Es una especie de alivio, uno se desconecta, y en otro momento, si uno juega bien, es un placer.
-¿Y para usted Cynthia?
-Es un juego de caballeros, porque a veces no te ve nadie y depende de vos. No podes patear la pelota, ni contar de menos. Es siempre así. Y también es un juego para superarse, porque vos estás jugando contra la cancha y tenés que tratar de superarte a ver si jugás mejor.
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