QUIENES SOMOS

LOS AROZA: Un restaurante en Villa Allende, en el que te alimentas de platos exquisitos y energía positiva

En una esquina de Villa Allende, hay un vértice en el que, los que ingresan al parador Los Aroza, dicen que cambia la energía. De afuera es un restaurant, con la recepción de un patio amplio, bajo los brazos de un Arce Negundo y una figura tallada en madera con un gran cartel de Bienvenidos.

La señal es inequívoca. En ese lugar no solo se trata de comer bien, sino de disfrutar el momento. Un lugar en el que Rodrigo “Rolo” Arozamena, Walter Hebia y Gisela Antún, los dueños, se encargan de que el menú venga acompañado de toda una filosofía sobre cómo sentir el momento.

“Hace un tiempo que estamos en Córdoba. Empezamos con el restaurante “Alma de pueblo”, luego “Inmigrantes”, después estuvimos en Mendiolaza, y nos quedamos solo con Los Aroza, el parador, toda la esquina esa”, cuenta Rodrigo. “Gracias a Dios es hermoso. La experiencia de vida que pasas ahí, la comida es un medio hacia algo más importante”, agrega.


Hace pocas semanas, Los Aroza puso la Copa de un torneo de tenis profesional en el Córdoba Golf Club, y se encargó de la comida de todos los jugadores.

-Rodrigo, ¿por qué apoyar tenis?
-El futuro es el deporte. Nosotros apoyamos acá, después un torneo de surf en Mar del Plata para chicos. El campeón de judo también, Agustín Gil, también es de Aroza. Tratamos de apoyar todo lo que sea deporte, por lo que les cuesta a ellos. Preferimos ligarnos a eso más que el restaurante ligado a la noche. Eso es lo que se viene ahora.

-¿Qué los motivó a apoyar el deporte?
-El sacrificio. El sacrificio de estos chicos, es hermoso verlos a ellos, lo que resignan, lo que les cuesta, los h… que le ponen. Es como ir a los Aroza, es una experiencia Aroza. Ahí vas a pasar un momento hermoso. Podés comer bien o mal, pero es una experiencia hermosa, como esto. Como un partido, o arrancar a las cinco y media y tomarse el bondi para ir a jugar.

Gise Antún completa la idea: “Lo de nosotros fue mucha disciplina y sacrificio, y muchas cosas lindas. Me parece que el resultado es el disfrute, el poder tener momentos en los que decís ‘lo estamos haciendo bien. La alegría llega cuando termina y decís que lindo que fue’”.

-¿Cómo se dieron cuenta de que lo estaban haciendo bien?
-La misma respuesta de la gente, la expresión de la gente, cuando se va. Viene torcida la mano y se va contenta -afirma Rodrigo-. Lograste cambiarles la energía. Los Aroza tiene una energía especial, la gente cambia el estado. 

“Hay gente que deja el laburo en la vereda porque sabe que cuando entra al restaurante cambia el estado. Entre el ambiente, la comida, los chicos, los dueños encima. Es como que mentalmente entrás en un momento de otra dimensión”, acota Gisela.

Rodrigo destaca que Walter, “mi socio, cambia toda la situación de una mesa. Nada es fácil en Argentina, pero ‘el loco’ se encarga de que te vayas con una sonrisa seguro, es el número uno en eso. Eso es Aroza”. 

-Es la conexión con la gente.
-Totalmente. Desde el primer día estuvimos llenos. Es una vuelta de rosca a la gastronomía. Se va a dejar de llamar gastronomía para ser una experiencia, vas a vivir en cada restaurante una experiencia. Y nosotros somos la cabeza, pero hay un equipo atrás que va alineado.

Además de buenos platos, Los Aroza tiene el complemento de eventos y presentaciones musicales. Pero su energía nace en esa esquina para expandirse en otros ámbitos que salen de lo que es un restaurante. Los Aroza son también un concepto, una idea, tener una presencia que supera sentarse en una mesa al mediodía o la noche y salir con el estómago lleno.

“Constantemente estamos tratando de llevar todo hacia lo saludable. Siempre hemos apoyado el deporte, apoyar la alimentación saludable, todo lo que servimos es de primera, está hecho en casa, cuidamos el producto, y a la vez creamos espacios saludables, mentales y físicos. Es a donde queremos ir”, aclara Gisela.

Y en esas acciones por fuera del restaurante no sólo aparece el tenis. En verano hicieron una colonia para niños, para apoyar a la gente, para que no estén en sus casas. “Lo hicimos con el Mati, el Gringo, los pibes jugaban al fútbol, al padel, dos veces a la semana al tenis, les llevábamos la merienda”.

-¿Hacia dónde va Los Aroza, de acá a unos años?
Rodrigo: -No sé, nosotros somos el día a día. Quisiéramos un lugar muy ligado al deporte, muy ligado. Somos más marítimos, más del sur. Pero queremos estar juntos, con ellos. Quizá hacer algo hasta que esté adentro de unas canchas, algo que se ligue mucho al deporte. Conectar con ellos me encanta.

-Conectar es la diferencia.
Gisela: -Siempre tenemos ese valor agregado, el calor humano, el sentirse en familia siempre, gente que viene por primera vez sale con un abrazo. “De una” entrás a un ambiente familiar. 

-¿De dónde viene esa empatía?
Gisela: -La tomamos mucho en la pandemia, cuando dijimos “¿qué hacemos?”. Hoy el laburo del día a día es alucinante. Se divierten entre ellos (Rodrigo y Walter), son graciosos, la pasan bien e inventan. Hacen yoga y todos los empleados hacen yoga. Es como llevar la vida al laburo, y no al revés.
Rodrigo: -Ellos (los empleados) están incluidos en todo, para que vean que la vida va por otro lado.
Gisela: -Vamos por otro lado, pero el proceso por el que estemos, de alguna manera, se traduce en el lugar.

En esa esquina de Villa Allende, frente al Córdoba Golf, hay un vértice en el que, a los que ingresan al parador Los Aroza, les cambia la energía. De afuera es un restaurant, con un patio amplio, bajo los brazos de un Arce Negundo y una figura tallada en madera con un gran cartel de Bienvenidos. No hay que confundirse. Te sentarás al mediodía o a la noche, pedirás tu plato de comida, pero al salir saldrás con la energía renovada. Y quien dice, hasta con un abrazo.

Volver a articulos de Calidad de Vida