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SALVADOR “SALVI” CARMONA MINELLI: El niño que pudo romper sus límites y contar su historia en un libro

Salvador Carmona Minelli tiene 17 años, tiene disfasia (TEL, trastorno específico del Lenguaje), es egresado del Centro Educativo Mater, y el pasado 27 de noviembre presentó su libro “El niño que pudo”, unas 20 páginas en las que refleja distintos aspectos de su vida.

Pero quedarnos en la presentación, que tiene brillo propio por supuesto, nos hace perder de vista todas las circunstancias que llevaron a que “Salvi” pudiera concretar algo que responde al título muy bien elegido: “El Niño que Pudo” superar sus límites.

El camino escolar de Salvador comenzó en un colegio convencional, pero “antes no me gustaba ir al colegio, ni a la escuela, porque estaba triste, porque me sentía excluido en mi escuela. Antes no hablaba, no quería hacer deportes y quería estar solo”, cuenta.

En la búsqueda, que suele ser el camino de muchos padres, apareció el Centro Educativo Mater, en Villa Cabrera, un secundario especial que le dio las respuestas que necesitaba: “El Colegio Mater fue lo mejor que me ha pasado en la vida -aclara Salvi-. Hice amigos, amigos preocupados por mí. Sentí una alegría infinita por tener amigos que me quieren tanto”.

La primera página

Un verano cuando estaba aburrido, hace como tres años, empecé a dibujar y le dije ‘mamá, quiero hacer un libro’. Así que manos a la obra me puse -cuenta-. Quería contar mi historia y que la gente vea como evolucioné y en la persona en que me convertí ahora”.

La idea de un libro tuvo su génesis en sus realmente buenos dibujos, que hace con ayuda de una aplicación. Un amigo de la familia, escritor, lo invitó a “trabajar” con él, a cambio de que le pusiera palabras a sus dibujos, una manera de estimularlo para que desarrollara la escritura. Arrancó con su pasión por los comics y los superhéroes, y así llegó a escribir su historia.

En esos tres años dibujó y empezó a escribir lo que el sentía en un pequeño texto. Después le fue agregando hojas con lo que le fue pasando. El libro de 20 páginas está lleno de conceptos. Desde el título mismo, pasando por otros como “No bajar los brazos ni la cabeza” o “no dejes que nadie te ofenda, todos tenemos derechos en el mundo”.

-¿Cómo se te ocurrieron estas frases?
-
Es lo que la gente me decía a mí. Ustedes son muy importantes, siempre que veo personas buenas y amables, todos ustedes son Messi para mí, son muy importantes. Vos valés mucho.

-¿Te has sentido ofendido en algunos momentos?
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A veces me han ofendido, pero ahora a los 17 años nadie me puede ofender.

Hoy Salvador ha crecido, y también gusta de leer. “Antes no leía mucho, me costaba leer, pero ahora sí leo mucho. Ahora leo comics, a Sherlock Holmes, y a Harry Potter. Los personajes que más me gustan son Harry Potter y Sherlock Holmes, es bárbaro pero ‘mal’”. Y agrega una frase aislada, tan simple como plena: “Soy feliz”.

Admirar a mamá

Salvi es transparente, o casi. Porque, así como es fácil ver su interior, también es un reflejo. En ese reflejo está su mamá, Giselle, que lo acompañó siempre.

-Tenés sólo 17 años y un largo camino, más adelante vas a tener que escribir otro libro.
-
Voy a contar la historia de mi mamá, con lo que pasó. La pasó muy difícil mamá. Pero ella no bajó la cabeza ni los brazos. Mi mamá no renunció, siguió, siguió y siguió. No se rindió y por eso la admiro mucho. Eso la convierte en toda una guerrera. Tengo que hacer un libro de mi mamá porque es la más especial que conozco, sigue trabajando, trabaja duro, duro, duro.

A su lado, como siempre, está ella. ¿Y vos cómo lo viviste? Se toma unos segundos como si la pregunta la hubiese sorprendido; piensa y responde.

“Siempre lo apoyé, me puse muy contenta. Fue hermoso, y cada logro que tiene, lo vivo por mil. Más que orgullosa me siento aliviada de verlo feliz. Es difícil ver un hijo triste. Siempre tengo orgullo por él, pero siento alivio de verlo con un propósito, con una meta. Salvador siempre piensa en qué va a hacer en el futuro”, expresa.

Mate, Karate y la Diplomatura

Salvi toma mate “como cualquier argentino, ¿a quién no le gusta el mate?”, y agradece cada comentario o sugerencia que se le hace con esa transparencia que mencionamos.

Reconoce que le cuesta aprender cosas, pero fue abanderado y mejor compañero en el Mater y advierte que le gusta “lo que estudia el universo, astronomía, ¡me encanta una banda! Los planetas, el espacio, las galaxias, también la matemática, lengua e inglés, eso me gusta mucho”.

Practica karate desde que vio Cobra Kai, y le gustaría jugar fútbol. Fue a Disney; “no sabés lo lindo que es Disney. Aunque comí mucha comida chatarra, vi que hay mucha gente obesa, por los panchos”, asegura.

Y ya piensa en estudiar una carrera. “Hay un montón de buenas carreras para hacer”, aunque ya tiene una diplomatura para chicos con discapacidad en la mira en una Universidad, que le dará herramientas para su inserción laboral.

Salvador define a su mamá como “una madre guerrera”, un pilar fundamental para él. “En casa siempre hablamos de los valores, de cómo manejarse con el dinero, de que hay prioridades, de que no se puede gastar más de lo que uno tiene. Que hay que capacitarse, que hay que estudiar”, explica Giselle.

Entonces lo mira, y a modo de enseñanza a futuro le pregunta: “¿y de una madre guerrera, que sale?”.

"Un hijo guerrero", responde Salvi.

Nada menos.


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