El aporte de los deportes colectivos
Aplicado al mundo del deporte, existe un constante incremento de actividades deportivas individuales como el jogging, musculación en gimnasios, la natación o recientes modalidades que implican un reducido número de participantes como, por ejemplo, el padel. Sin embargo, en etapas de formación e iniciación deportiva, los padres de los jóvenes suelen apostar por deportes colectivos muy por encima de las modalidades individualidades.
Entre las variadas razones que justifican este hecho, encontramos aspectos no directamente relacionados con las ventajas formativas inherentes a los juegos colectivos. Las cuestiones puramente geográficas como la cercanía con el hogar (la realización en el propio centro escolar, o económicas, habitualmente menor precio que las disciplinas individuales, o leyes de la demanda, mayor oferta que las otras, o tradicionales, la costumbre) suelen incidir en las elecciones.
Aún así, es necesario que los progenitores conozcan algunos de los motivos por los cuales los deportes colectivos se convierten en una extraordinaria herramienta educativa para sus hijos. Así, y descartando aspectos tan significativos e importantes como la técnica, la táctica o la preparación física, nos centraremos en los aspectos psicológicos.
Entendiendo que cada vez más se tiende hacia ese individualismo exacerbado, existe una clara necesidad humana a socializarse. Incluso, recurriendo al sabio refranero popular, se refuerza por un lado la importancia del “yo” con indicaciones como “si no miro yo por mí, ¿quién lo va a hacer” y por otro, aboga por la necesaria interrelación cuestión de nuestro debate: “para querer a los demás primero es necesario quererse a uno mismo”.
Citando al psicólogo de la Selección Argentina de Fútbol, Marcelo Roffé, este autor afirma que: “todos los seres humanos tenemos un costado narcisista, ególatra, necesitado de reconocimiento y de afecto. Esto es innegable”. Por tanto, podemos afirmar que el ser humano necesita de los demás. Esta es una necesidad que nos permite, entre otras cosas, cumplir algunas de nuestras otras necesidades. Así pues, un deporte colectivo pone en contacto al individuo con una serie de compañeros que configurarán un colectivo.
Un equipo comparte intereses comunes. Saber que existe un grupo de personas que se está esforzando por alcanzar el mismo objetivo que tú, debe ser una fuente magnífica de motivación.
Eliminamos así, total o parcialmente, el temido mal de nuestro tiempo, es decir, la soledad. Por que para erradicar la soledad no es suficiente con estar rodeado de personas sino también participar de intereses comunes. El deporte colectivo implica compartir penas y glorias, éxitos y fracasos. Se produce así el cambio conceptual deseado, del yo al nosotros o, mejor dicho, mi yo como parte del nosotros, en resumen, el camino de hacer algo tanto por ti como por los demás.
Extraordinarios son los momentos, desde el punto de vista pedagógico, que permiten asumir que una decisión o acción tuya afectará a todo el colectivo y, al mismo tiempo, obtener el reconocimiento ante el acierto o el consuelo ante el error. En definitiva, el deporte colectivo se presenta como un extraordinario medio para evitar las tendencias negativas de nuestro nuevo mundo.
“Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena”. (Proverbio sueco).
Por David Tenorio (Entrenador de fútbol)
Extraído y adaptado de: http://www.granadadeporte.es
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