El ocio no es perder el tiempo
La mayoría de la gente lo relaciona con estar tirado en un sillón por un tiempo prolongado, pero en realidad el ocio “es dejar de hacer una actividad con fines puramente prácticos e indispensables”, según la doctora en filosofía, Patricia Moya. Un concepto que, en una sociedad tan acelerada y “desordenada”, debemos reformular por nosotros y nuestros hijos.
Está claro que el ocio no es perder el tiempo, sino un cierto tipo de inactividad. Más bien, el ocio debe enfocarse en desarrollar aspectos como:
a) La imaginación para llenar el tiempo libre.
b) La sociabilidad, porque muchas de las actividades que se realizan en el tiempo libre son compartidas.
c) La propia personalidad, porque la persona elige actividades de su gusto para realizar en el tiempo libre.
d) La interioridad, porque se desarrolla un mundo propio.
“Dentro del concepto de ocio caben actividades como la lectura, la música, la práctica de un deporte, el cine, la fotografía, las manualidades, la conversación… todo aquello que no suponga una obligación, que se realice en el tiempo libre y que a la vez refleje interés (y compromiso) por algo”, afirman en la web www.hacerfamilia.net.
Sin embargo, los jóvenes de hoy no parecen haber desarrollado el concepto de hobby como sí lo han hecho las generaciones anteriores. O más bien sus obvies están más relacionados con la tecnología (y en consecuencia el estatismo y el aislamiento).
“No conozco muchos jóvenes que tengan lo que se conoce como hobbie. Hoy están en aquello que no supone un esfuerzo sostenido en el tiempo. La cultura del clic ha cambiado mucho los patrones de entretención y el gran problema de los padres es que no saben cómo estimularlos para que les guste algo”, dice al respecto el psiquiatra uruguayo Pablo Verdier. “A los papás les cuesta controlar el uso del Messenger, por ejemplo, porque el chico patalea ya que si no estuvo conectado la tarde anterior, al otro día queda fuera de la conversación. Y en cierta forma es comprensible. Pero al final una tarde de Messenger no deja nada”.
En una sociedad que gira a cientos de revoluciones por minuto y no nos deja disponer de tiempo libre enfocado en distracciones, grandes y chicos caen en la vorágine diaria y le dan poco espacio al desarrollo de la interioridad. Pensar, jugar, imaginar, son verbos atrapados en la velocidad de la vida cotidiana.
Es la familia entonces, el espacio donde debe nacer el tiempo disponible para generar hobbies. Esto no implica por supuesto el control e imposición de los padres sobre las actividades de sus hijos, sino más bien el apoyo en las iniciativas que un adulto puede considerar positivas.
Ya que los padres deben dar la orientación de cómo disfrutar el tiempo libre, acá van algunas sugerencias que bien pueden ayudar.
1) Fomentar intereses en los niños.
“No se trata de obligarlos, pero sí abrirles el mundo y conectarlos con cosas que les puedan interesar”, dice la psicóloga clínica y educacional, Neva Milicic. En la Navidad, invitarlos a buscar juguetes en buen estado que ya no usen para regalarlos a los más necesitados. O inventar “la hora de la lectura” en la casa y disponer libros y revistas para que cada uno lea lo que quiera por 10, 20 ó 30 minutos.
2) Apoyarlos.
Cuando manifiesten interés por algo, incentivarlos a que se comprometan y desarrollen por eso una verdadera pasión.
3) No gestionarles el tiempo.
Si antes de nacer sus hijos ya los tenía matriculados en clases de fútbol o ballet, preocúpese. Es clave que en el tiempo libre hagan lo que ellos espontáneamente quieran hacer… y no lo que usted quiere que hagan.
4) Dar espacio para que estén solos.
El niño tiene que tener tiempo para jugar y desarrollar la capacidad de entretenerse solo. “No se trata de que los padres no estén presentes, sino que pueden estar ahí, disponibles, siguiendo el juego, pero no dirigiéndolo”, agrega Neva Milicic.
5) Invitarlos a hacer actividades distintas (y entretenidas).
Y hacer de ello un momento grato. Si lo invita a hacer galletas, no lo rete porque se quemaron.
6) Educar el tiempo libre para todos los días.
“El ocio no es algo propio de las vacaciones o fines de semana”, dice Patricia Moya. “Lo ideal es tener un poco de tiempo libre a diario”.
7) Fomentar en los adolescentes la actividad física.
El deporte es un hobbie que además, hace bien para la salud.
8) Respetar el carácter pasivo de algunos niños.
Si a un hijo le cuesta iniciar actividades, invítelo a hacer cosas, pero luego déjelo solo. Y si por el contrario, a un hijo le cuesta estar tranquilo, edúquelo para el descanso y el goce de actividades tranquilas.
9) Estar atentos a los talentos e intereses innatos de los hijos.
Si le gusta la historia, estimúlelo. Déjelo ser.
10) Integrar las actividades del tiempo de ocio a la conversación familiar.
Deje de preguntar tanto cómo le ha ido en el colegio y comience a interesarse por el libro que está leyendo, la clase de pintura que tomó, la presentación de teatro de fin de año.
11) Ser ejemplo.
Que sus hijos puedan ver en sus padres modelos de personas que cultivan intereses. Que en familia se vaya al teatro, a exposiciones, a paseos...
12) Estar en la casa, tanto física como psíquicamente.
No a las “mamás checklist”, que hacen el día (supermercado, buscar a los niños, etc.) sin estar realmente presentes. “Esos papás que dicen que les dedican a sus hijos poco tiempo, pero de calidad, están mal. Por mucha calidad que haya, en ese poco tiempo no alcanzan a pasar las cosas a las que hay que ponerle atención”, dice el Dr. Verdier.
13) Rescatar la cultura del esfuerzo.
“Este mundo le ha restado al chico garra, empuje, fuerza”, dice Verdier. Por eso cuesta que se comprometan con algo.
Fuente: www.hacerfamilia.net
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