Los niños prodigio en el deporte, luces y sombras de los talentos precoces

Niños. La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en 1989 el tratado de Derechos Humanos más ampliamente ratificado de la historia, la Convención sobre los Derechos del Niño. Entre otros, se establece que un niño tiene derecho a divertirse y a jugar como un niño; a recibir un trato digno; a un ambiente sano; a entrenamientos que se adapten a sus ritmos; y uno importante: Derecho a no ser campeón, y … el derecho a serlo.

Muchos niños rompen los moldes y, por sus condiciones naturales, son capaces de descollar en ámbitos en los que hace falta una mayor maduración para la gran mayoría de los mortales. 

Uno de los casos recientes es el de Anthony Russo, un niño de cinco años de New Yersey, que completó su primera media maratón (21K) con un tiempo de 2h22m25s, para conseguir una marca que sorprendió a todos por su edad.

Hay muchos otros casos. Gisela Pulido, que con apenas 13 años ya era triple campeona del mundo de kitesurf. La tenista estadounidense Tracy Austin sigue siendo la tenista más joven en ganar un título WTA (Portland de 1977) con 14 años y 28 días. El colombiano Radamel Falcao debutó a los 13 años; y con tan solo 15 años, la gimnasta rumana Nadia Comaneci pasó a la historia de los Juegos Olímpicos de Montreal tras llevarse el oro y ser la primera gimnasta con calificación perfecta. También fue un niño prodigio el indio Budhia Singh, de 6 años de edad, que tras correr 65 kilómetros de un tirón se convirtió en un fenómeno de masas en su país.

Entre los argentinos, Guillermo Pérez Roldán, quien acaba de ser noticia al dar a conocer los maltratos que recibía de su padre entrenador, figura en cuarto lugar entre los ganadores más jóvenes de un torneo ATP en la historia, con 17 años y 7 meses (Munich 1987). Su colega, Gabriela Sabatini, fue aún más precoz: con 15 años y 5 meses allá por 1985 en Tokyo.

Sergio “el Kun” Agüero se convirtió en el jugador más joven, batiendo la marca de Maradona, con 15 años y un mes en debutar en el futbol argentino (Diego lo hizo a los 15 años y 11 meses); y Fernanda Russo se convirtió en la argentina más joven en ganar una medalla en los juegos Panamericanos, cuando con 15 años en Toronto 2015, se trajo la medalla de plata en rifle de aire.

Niños “distintos”
Existen otros muchos campeones anónimos que pasan a ser niños con una capacidad de aprendizaje más acelerada, que los convierte en distintos. Pedro Marcet, responsable del Departamento de Pedagogía de la Fundación Marcet, asegura que "son niños con una autoestima muy alta, y por eso es muy bueno siempre que sean humildes".

En ellos siempre tiene que ver el rol del entorno, concretamente de sus padres. Como en el caso de Guillermo Pérez Roldán, a veces esa participación puede ser desmedida.
"Si es negativo, o le presionan mucho, la proyección del chico no acaba bien, porque le generan mucho estrés al imponerle unas expectativas tan altas que no puede superar –agrega Marcet-. Y tiene que aprender a ser humilde y saber que, si no se consigue la meta, no pasa nada. Hay que prepararlos para la derrota también".

En este sentido, lo mejor es que estos chicos estén bien rodeados porque cuando surgen estas “promesas”, los intereses e interesados salen de la nada en busca de beneficios. A estos diamantes “en bruto” hay que pulirlos despacio y cada uno a su ritmo, sin olvidar que son niños, con aspectos de su personalidad o físicos frágiles.

Físicos cuidados
Por otro lado, que un chico tenga una capacidad de comprensión de la competencia superior al resto, o una madurez que le permita explotar sus habilidades de mejor manera que el resto, o implica que su físico pueda responder a las exigencias de sobreentrenamientos o el cruce con rivales de mayor envergadura física.

María Dolores Lluna, pediatra del Centro de Salud Luis Oliag de Valencia, cree que "el deporte es fuente de salud, pero también de lesiones. Y más en esa edad". "Un niño destacará si tiene condiciones y cualidades, no por someterse a un esfuerzo tan grande", dice la médica, que asegura que "el deporte y la competitividad chocan. Es fantástico que los niños hagan deporte, pero de una forma lúdica, normal. Se convierte en un inconveniente en el momento que se fuerzan al límite estructuras del desarrollo como los músculos, huesos y ligamentos".

Arat Hosseini, el niño prodigio iraní del fútbol de 5 años, que tiene 2,1 millones de seguidores en Instagram, es un claro ejemplo. El pequeño Arat es sometido a duros entrenamientos físicos por parte de su padre desde que tiene tres años y que incluso lo llevan al llanto.

Hay casos afortunados, pero también los hay poco felices, como aquellos que sienten que han perdido la juventud. Jennifer Capriati pasó de ser en 1990 la jugadora profesional más joven en disputar una final a tener problemas legales y personales (arrestada por robar en una tienda en diciembre de 1993 y de nuevo en mayo del año siguiente por posesión de marihuana). 

¿Es una suerte o un error triunfar tan pronto? Y, lo que es más inmediato, ¿cómo afecta el entrenamiento de élite al niño o al adolescente durante su crecimiento? Para el desarrollo de niños, lo más indicado son deportes como el ciclismo, la natación y la gimnasia (sin abusar del salto). Esto explica que cuando Messi comenzó a despuntar a los trece años tuviera más que suficiente con entrenarse una hora y media cuatro veces por semana y que, en cambio, las deportistas de natación invierten un mínimo de siete horas diarias. 

Según el especialista en medicina deportiva José María Torregrosa, los retos son necesarios para la educación de un niño, y considera que la motivación es lo más importante, pero que “esta debería surgir del niño y no del ambiente externo”. Sea como sea, cuando un niño de 10-12 años se entrena a diario debe ser objeto de un seguimiento médico más apurado. 

Cuando se llegan y superan las cinco horas diarias la pregunta que todos se hacen es si es o no contraproducente. Pero esa, tal como explica Vladimir Hernández, psicólogo de USP San José, “es una pregunta muy abierta, ya que dependerá de la disciplina practicada. Eso explica que deportes como la gimnasia, natación, patinaje artístico, natación sincronizada se comiencen a edades tempranas (14-18 años) con el alto rendimiento”.

Claro que a veces el mismo chico exige más. El gimnasta Gervasio Deferr comenzó a entrenarse en serio cuando sólo tenía cinco años. “Pero es que mis padres no tuvieron más remedio que llevarme a un gimnasio. ¡Comencé a andar con los pies y las manos casi al mismo tiempo! ¡Y con tres años hacía volteretas increíbles!... Creo que no había otro destino para mí”, explica. Y a los cinco fue agrupado con chicos de 12 con entrenamientos diarios. “Simplemente es que en otros grupos me aburría”, explica este atleta. Y agrega: “Sentido común, esa es la fórmula. Cada niño debe hacer el entrenamiento adecuado según sus posibilidades y su forma de ser”.

De todas maneras, “cuando hablamos de alto rendimiento estamos anteponiendo a cualquier objetivo, como puede ser educativo o incluso la salud, el conseguir el máximo rendimiento y el éxito final. Si hablamos de un reto de alto rendimiento, tendremos que tener una gran base deportiva general (no sólo de la disciplina deportiva) y una evaluación fiable de que estamos ante un talento deportivo”, comenta Hernández.

Eso no significa que se le pueda exigir cualquier cosa a un niño. Todo aquello que pueda desembocar agotamiento o dolor, supondría un signo de sobreexigencia física. Además, es primordial tener en cuenta que la pérdida de motivación por parte del niño, no sería productiva para la mejora del rendimiento. Si el niño prefiere estar entrenándose que jugar con sus amigos o en casa jugando a la consola, los entrenamientos seguro que serán productivos. Así pues, la primera tarea de los padres y entrenadores es crear motivación y un mundo seguro y divertido.

¿Los límites físicos que no hay que sobrepasar? José Carlos Molinos, fisioterapeuta y licenciado en Ciencias del Deporte y la Salud, recuerda que “para niños de 10-12 años el trabajo de hipertrofia muscular podría dar problemas en el crecimiento y evolución natural. Los niños con talento que con doce años ya se ven arrastrados al alto rendimiento deben disponer de mucho más tiempo de reposo y descanso entre días de entrenamiento. Hay que considerar, además, que los deportes de fuerza máxima y potencia pueden ser perjudiciales, por repercutir mecánicamente en tejidos en desarrollo o maduración. 

Desde la Fundación Marcet plantea otro foco de conflicto: recuerdan que está bien imponerse retos y ayudar a los hijos, pero tampoco hay que animar ciertas conductas: “Algunos niños desean triunfar en un tiempo récord y esa actitud no es buena”. 

Finalmente no hay que olvidar el aspecto social. El psicólogo de USP San José Vladimir Hernández considera que “en la etapa escolar el estudio y las relaciones sociales son la actividad principal para la construcción de la personalidad”. Por ello, “cuando una actividad como el entrenamiento ocupa mucho tiempo, los niños y jóvenes se pierden la interacción con sus coetáneos, sus similares, sus padres y entonces pueden aparecer con el tiempo problemas de relaciones y una falta de construcción positiva de la personalidad”.

Hernández advierte que “esto puede suponer algunas disfunciones en la convivencia y en el papel que desempeña el individuo en la sociedad. Y puede además traer complicaciones en la forma de entender los fenómenos, en la comprensión del entorno y crear un problema de autovaloración por exceso”. Sin embargo, este psicólogo también recuerda que cuando los entrenamientos están bien orientados y no afectan las relaciones sociales y los derechos y obligaciones de los niños y adolescentes, “suponen un complemento para ayudar a crear valores como el compañerismo, la tolerancia a las frustraciones, la competencia sana”.

Recopilación y textos: Talento Sports.

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