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TENIS: Hace 15 años, David se coronaba como "el Rey" del tenis en el Máster de Shangai

TENIS: Hace 15 años, David se coronaba como

Por Fabián Sacarelli (*). No olvido esa mañana de hace 15 años. Me senté frente al televisor para ver la final del Masters de Shangai entre David Nalbandian y nada menos que Roger Federer, para la gran mayoría el mejor tenista de todos los tiempos.

David había entrado por la puerta de atrás del Master. Tras renunciar a ser suplente, tenía las maletas listas, sus cañas de pescar en el auto y casi estaba fuera de la puerta y listo para salir a la ruta hacia la Patagonia buscando unas merecidas vacaciones familiares. Luego vino una llamada telefónica de un Tour Manager que preguntaba: "¿Puedes volar a Shangai?". 

Una ráfaga de retiros tardíos le dieron un lugar en el torneo de Maestros. Cambió la maleta, sacó el pasaporte, y un extenuante vuelo hacia China lo puso en la cancha. La llamada telefónica de ayuda llegó el 9 de noviembre, el torneo comenzó cuatro días después, a 11 zonas horarias de distancia.

En la fase clasificatoria Nalbandian llegó de apuro a Shanghai y comenzó su campaña en el Grupo Rojo con una derrota ante el suizo Roger Federer por 6-3, 2-6 y 6-4, pero se recuperó y avanzó a semifinales tras haberle ganado al compatriota Guillermo Coria por 7-5 y 6-4, y al croata Iván Ljubicic por 6-2 y 6-2. Para las semifinales, el cordobés mostraba su mejor versión, y con un tenis casi perfecto y pleno de confianza, eliminó a un rival que siempre le traía dolores de cabeza: el ruso Nikolay Davydenko por 6-0 y 7-5.

"Perdí en tres sets, pero bien, pero no salí de la cancha sintiéndome mal- dijo Nalbandian-. Por el contrario, pensé que iba a ser peor y fue un partido difícil que podría haber ganado y se escapó por poco. Después de eso supe que tenía una oportunidad porque mi juego estaba bien. Era una cuestión de ir día a día y creo que fue bastante bien".

¿Sorpresa? En realidad no. Conocía a David desde que tenía 10 años y sabía lo que podía dar. Pero sobre todo su enorme capacidad para leer partidos y a sus rivales, su confianza en sí mismo, y el conocimiento de que su tenis podía con cualquiera en el circuito. No, no me sorprendió. Pero Federer era otra cosa.

Final para el infarto

Si bien David había arrancado 5-0 en el historial con el "Federer Express", el suizo había descontado y venía de ganar los últimos cuatro encuentros entre ambos. Y hacía dos años exactos, desde el Máster de Houston 2003, que no podía doblegar al suizo.

Para un espectador, con favoritismo como en mi caso, ver escaparse un set por tie-break fue frustrante, y ni hablar de dos. Fueron por 6-7 (4-7), 6-7 (11-13). Pero por otro lado, fueron ajustados y su tenis no estaba lejos. Cuando David ganó el tercero por 6-2, el panorama cambió. Las piernas de Roger no aceleraban a la misma velocidad, y David mantenía el buen juego.


"En ese momento hice un gran cambio mental en el partido, diciéndome a mí mismo: 'Tengo dos sets menos y puedo estar tranquilamente 2-0 arriba. Nunca pensé que el partido se perdió, seguí adelante y esa fue la clave", reconoció en aquel entonces. Típico de él, claro. Cualquier otro, frente a Federer, en una final, hubiese bajado los brazos. Él no.


El cuarto set fue un paseo (6-1), y para el quinto ya no podía contenerme en la silla. Creo que vi todo el quinto set de pie. Su progresión fue para el infarto. Aparentemente el suizo se había recuperado y estaba dispuesto a torcer la historia. 

Es que David arrancó 4-0, con dos quiebres, y Federer no se quedó atrás: igualó 4-4 y quebró para ponerse 5-4 y sacar para partido. Otra vez a dar vueltas alrededor de la mesa buscando el mejor ángulo. Nalbandian respondió con puño apretado y llegó el tie-break. El final, decisivo, en el quinto set. 

"Estaba roto, ya cerca de ganar, perdí mi servicio y fuimos a otro desempate. Después de perder los dos primeros sets en desempates me dije, 'no jugué durante otras tres horas para perder otro desempate'. Si hay un desempate que no puedo perder en mi carrera, es este. Estaba decidido a ganar", dijo sobre aquel momento.

Y no lo perdió. Convirtió su quinto punto de partido cuando Federer encontró la red para completar el encuentro de cuatro horas y 33 minutos para cerrarlo por 6-7 (4-7), 6-7 (11-13), 6-2, 6-1 y 7-6 (7-3).

Con la victoria, Nalbandian recolectó  1.4 millones de dólares en premios, las llaves de un Mercedes Benz nuevo, y regresó al Top 10 en el No. 6 por tercer año consecutivo.

Grité dos triunfos en mi vida. La victoria de Agustín Calleri sobre Juan Carlos "el Mosquito" Ferrero, en la Copa Davis Málaga 2003, y este, el que convirtió en Maestro al gran David.

Para todos fue claro, un hecho histórico, el primer ganador de un Master después de Guillermo Vilas en 1974; el gran título en la carrera del cordobés; etc. etc. etc. Para mí fue la coronación de un notable jugador al que acompañé (como a muchos otros) desde sus inicios en los torneos selectivos y provinciales. Un enorme campeón, el mejor de los tenistas terráqueos, porque Federer y Nadal, en esos tiempos en su mejor momento, eran extraterrestres.

El gran Rey David, en su hora más gloriosa.

(*) Fabián Sacarelli. Periodista deportivo especializado en tenis. Director de Talento Sports.
Director de SportHD.News Argentina.

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