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YONY LEPPEGO: El sindicato, la jueza y la conspiración contra Nole en el US Open (*)

YONY LEPPEGO: El sindicato, la jueza y la conspiración contra Nole en el US Open (*)

Apenas descendí del avión en el aeropuerto John F. Kennedy no perdí tiempo. Me adelanté a una pasajera y tomé un taxi directo a Flushing Meadows, mientras la señora agitaba sus brazos y me hacía unas dedicatorias familiares. Debía llegar antes de que se consumara toda la conspiración.

Entré al National Tennis Center y recorrí 15 de las 22 canchas donde se disputa el US Open, el Grand Slam de tenis, hasta que lo vi. Sentado sobre una barandilla estaba él, ensimismado, cabizbajo. Me acerqué, y casi ni me notó. Lucía una campera de cuero negra, un short blanco y zapatillas. Estaba más solo que El Chavo en el día de la Madre.

-Hola Novak –le dije-. ¿Cómo estás?
-Me miró y con una mezcla de bronca e impotencia me dijo: “Ovo je zavera, Yony”.
Quedé más perdido que un daltónico armando el cubo mágico. “Estamos solos, Novak. No nos escucha nadie”, señalé.
-¡Esto es una conspiración, Yony! ¡Me sacaron del Grand Slam porque armé ese SINDICATO!
-Pero el pelotazo fue real, lo ví, le pegaste a la jueza justo en la garganta, ¡qué puntería!
-Bah ¿viste el impacto? No le pegué en la garganta, ¡fue toda una artisteada! Estoy furioso, ahora les voy a caer con el sindicato y les voy a hacer un piquete por el sueldo de los tenistas. Vamos a quemar todas las raquetas en la puerta de la oficina de la ATP. Ya mandé a llamar a los muchachos del hermano sindicato de Camioneros de Argentina. Son un poco blandos pero servirán.
Me sequé las gotas de transpiración después de que escuché eso: “Pero los tenistas no tienen sueldo, vienen por la bolsa en premios” –le dije-.
-¿Usted de qué lado está? Vaya, investigue y verá que todo esto es una farsa.
Asentí y antes de irme pregunté: dígame…
-Me.
-No se haga el gracioso por favor. ¿No le hace calor con esa campera de cuero?
-Noooo, es mi nuevo estilo. Vi una foto del gran Saúl Ubaldini y decidí copiarlo. A Hugo Moyano no porque tendría que subir mucho de peso. Saúl dijo: “a veces me embargan las lágrimas. Pero llorar es un sentimiento y mentir es un pecado”. ¡Ídolo!
Y se fue llorando desconsoladamente sabiendo que, por ahora, no podrá descontar la cantidad de Grand Slams de Federer (20) y Nadal (19).

Salí decidido a ir al hueso. Unos pasos más adelante me crucé con la jueza de línea que fue agredida por el pelotazo. Tenía enyesado desde la cintura al cuello, puesto un suero intravenoso, y dos enfermeros venían haciéndole la sillita de oro.
-Disculpe, ¿no será una exageración?
-¿Exageración? ¿No vio como me dejó las piernas?
-¿Pero no le pegó en la garganta?
-Sí, en realidad no, pero en la caída me quebré tres costillas, me deshidraté y me doblé el tobillo.
-Está mintiendo.
-No diga nada, pero la verdad es que me pegó en la frente. Recibí órdenes de tirarme a la pileta y bueno, así terminó todo. ¡Todo sea para que el sindicalismo no gane! 
-¿Y quién le pidió eso?
-¿Tiramos la nueva moneda suiza? Si sale la cara de Roger se lo digo, sino que se lo cuente Rafa. Y se fue riendo a carcajadas, mientras cantaba la marcha de Wall Street.

Me faltaba información. Empecé a caminar por el Flushing Meadows y me crucé con Robert Transa, quien estaba vendiendo barbijos de papel y unos frasquitos con una etiqueta que decía: “Curá el coronavirus, votá la ATP”.
-Digame Robert, ¿cómo fue esto de la descalificación?
-Pero Yony, ¿quién lo manda a crear el sindicato Professional Tennis Players Association justo acá? En el país de Hollywood pusieron una actriz de jueza y cabeceó la pelota; el resto estaba cantado. Quisieron contratarla a Charlize Theron, pero andaban medio cortos y optaron por una de reparto.
-¿Es para tanto?
-Mire, sólo el 7% de lo que dejan los Grand Slams es repartido entre los tenistas. Esa cifra Novak la comparó con el 50% que recibirán los jugadores de la NBA y armó un lío bárbaro.
-Entonces tiene razón –le dije-.
-¡Noooo, nosotros queremos repartir el 5%! -y se fue contando varios cientos de dólares por la venta de barbijos y pociones mágicas-. Dio unos pasos y se dio vuelta: “¿No recuerda en qué trampa pueden haberse inspirado en la ATP?”.

Me dejó pensando. Estaba claro que lo de la “burbuja” anti-Covid propuesto por la organización era una mentira, y empecé a intuir que lo del argentino Guido Pella y el boliviano Hugo Dellien era una cama. Por el positivo de Juan Galván, PF de ambos, los pusieron en cuarentena, no los dejaron entrenar y claro, en el US Open tuvieron debut y despedida. Lo extraño es que el francés Paire y el ruso Medvedev dieron positivo y pudieron jugar. Obvio, Pella y Dellien están en la PTPA.

Salí disparando hacia el Long Island Marriot, uno de los hoteles oficiales del US Open. Apenas llegué el guardia de la puerta me abordó:
-Disculpe, ¿puede sacarse el barbijo?
-No será al revés –inquirí-.
-No, no, acá vemos las caras y de acuerdo a eso lo dejamos pasar. Ya que está, ¿no quiere ir a un  casamiento esta noche en el hotel? Hay lugar y estoy vendiendo unas entraditas –me dijo mientras guiñaba un ojo-.
Me quedé helado por la falta de control, pero justo pasó a mi lado el bueno de Paire.
-¡Hola Yony! ¡Qué gusto verlo! –me dijo.
-Decime, ¿vos te pescaste el Covid?
-Sí, me fui a Manhattan y tomé unos mates con unos amigos uruguayos que venían de viaje desde Brasil, ¡pero acá sos libre de hacer lo que quieras!
-Y no te suspendieron.
-No, me obligaron a llevar un pin de Roger y Rafa, que decía “los hermanos sean unidos, vote ATP”.

Me puse el barbijo, fui a la reconocidísima Unisphere, un globo terráqueo de 42 metros de alto en el Flushing Meadows Park. Me pareció ilógico que los jugadores deban crear un sindicato para exigirle un mejor reparto a una entidad que nació como sindicato (la ATP) en 1972. Pero el dinero y los intereses todo lo pueden, y la conspiración se puso en marcha. Recordé lo que dijo Robert Transa antes de irse: la expulsión de Diego del Mundial de 1994. 

Me tomé una selfie y se la mandé a Novak Djokovic con un texto: -“Nole, ¿no te hace falta un secretario?”.

(*) Esta historia es de ficción. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, que se hagan cargo los que se parecen.
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