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YONY LEPPEGO: El misterio de las Tortugas Rampantes y los bólidos de escritorio en la Fórmula Uno (*)

YONY LEPPEGO: El misterio de las Tortugas Rampantes y los bólidos de escritorio en la Fórmula  Uno (*)

Tomé el teléfono, imposté mi voz y dije firme:
-Sé lo que hiciste el verano pasado.
Hubo silencio del otro extremo de la comunicación. Me sentí ganador.
-…El verano pasado estuve en la recepción del hotel, como hasta ahora –me dijo.

Inmediatamente me di cuenta que había metido mal un cambio, puse freno de mano, pegué un giro rápido y pregunté: ¿a dónde estoy hablando?
-Al Hotel Maranello Village –me respondió orgulloso. 

El Maranello Village, situado a 3 km de Maranello, a los pies de los Apeninos, es un hotel temático sobre Ferrari. Allí está residiendo el piloto alemán Sebas Betten, a quien Fierrari le sacó tarjeta roja, lo desalojó de su casa y ya le comunicó que no contará con él para la próxima temporada. Betten sería algo así como el Luis Suárez del Barcelona.

-Por favor avísele a Betten que Yony Leppego va para allá.
El alemán es un crack. Ha ganado cuatro títulos mundiales de Fórmula 1, y dos subcampeonatos en 2017 y 2018 con Fierrari. Desde hace un tiempo ha sido un crítico de la política deportiva de su equipo que viene haciendo agua por todos lados, y claro, en Maranello le pasaron factura.

Lo esperé en el restaurant Paddock del Maranello Village, que sirve platos tradicionales. Entró vestido con campera, roja, pero sin su nombre ni el logo de la escudería.

-¿Ya te sacaron el nombre de la ropa? –inquirí.
-¿Usted también Yony? Eso mismo me observó Cristian Hornero, jefe de Red Bull, en el GP de Hungría. Parece que todos se burlan de mi situación.
-Bueno, no es normal que un cuádruple campeón le “den pista”. ¿Qué pasa en Fierrari? Vienen de hacer un papelón en el GP de Bélgica: terminaste 13 y tu compañero, 14.
-¿Y qué se puede hacer? Los pedales no nos dan más, nos mandan a boxes cuando venimos bien y los neumáticos parecen desinflados. Es todo muy raro. Vas a boxes y toman mate mientras cambian las ruedas, y te piden monedas por limpiarte el parabrisas ¡con un troncomóvil no le podemos ganar a las flechas plateadas de Mercedes!
-Se rumorea que Fierrari pretende a Lionel Messi en tu asiento, porque es más ganador que vos.
-Si, jeje, lo que no sabés es que me pidieron del Bayern Munich. Vamos a repetir en la Champions 2021 –dijo con optimismo-. 
Entonces metí el acelerador a fondo. -Dicen que no ganaste más desde que se encontraron que la unidad de potencia de tu escudería estaba más alterado que el código genético de la oveja Doli.
Metí el dedo en la llaga. Betten se levantó con visible enojo y gritando términos irreproducibles en alemán.
Cuando iba a cruzar la puerta del salón, me paré y le grité:
-Sebastian, sé lo que hiciste el verano pasado.

¿Qué hizo el verano pasado? Fierrari hilvanó tres triunfos consecutivos en los GP de Bélgica e Italia (Leclero) y Singapur (Betten), con las Fierrari rodando cerca de un segundo más rápido que los demás en las rectas, supuestamente por irregularidades en el sistema de flujo de combustible en los motores. La FIA incautó algunas piezas del sistema para analizarlas; y acto seguido, la FIA y Fierrari hicieron un pacto secreto, a espaldas de los denunciantes McLaren, Mercedes, Racing Point, Red Bull, Renault, Alpha Tauri y Williams, y no hubo castigo para Maranello.

Salí del Village más desorientado que brújula en lavarropas. Me subí al taxi del ’69 que me llevaba de un lado a otro en el pueblo de 17.000 habitantes. “A la fábrica de Fierrari”, acoté.  Tomé mi pipa y, con un toque Sherlock pregunté:
- ¿De qué raza es el cavallino rampante?
El chofer me miró por el espejo retrovisor y casi nos llevamos por delante unas macetas de cemento de la Via Gardini, de camino a la fábrica.

Una vez en la puerta del caballo negro, me encontré con una fachada simple. Claro, que diga FIERRARI habla por sí sola. Toqué timbre y se acercó un guardia de seguridad, con sus puños extendidos y haciendo ruido con su boca como si fuera un motor de un F1. 
-Brrrrrr, brrrr, todos estamos con la camiseta puesta -me advirtió al ver mi asombro-. Disculpe, no compramos nada –agregó, juzgando apresuradamente mi apariencia.
-Perdón, Míster –respondí-. Busco a “my friend” Matías Dinotto. Dígale que Yony Leppego está aquí.

A desgano el guardia me hizo pasar por interminables pasillos, hasta llegar a una impresionante oficina del team-manager de Fierrari. Tenía un gran caballo negro dominante en la pared principal, y un cuadro de Don Enzo Fierrari que, a juzgar por la cara, sabía qué estaba pasando en estos momentos.

-¡Cómo está Yony! ¡Qué gusto verlo! ¿Qué lo trae por Maranello?
-Me encargaron saber qué pasaba con Fierrari –le dije.
Dinotto se acercó y tapándose la boca para cubrirse de las cámaras me dijo: “¿No lo habrá mandado Johny Elmann, no? El presi está molesto porque tuvo que salir a dar respuestas a la prensa. Estoy estresado con todo esto”.
-La verdad el cavallino rampante parece un caracol, ¿cómo puede ser? Si siguen así la Testa Rossa valdrá menos que un Duna.
-¿Qué quiere que le diga? El año pasado fuimos el equipo más controlado de la historia. Cuando uno logra una cierta ventaja competitiva, los rivales inevitablemente tienden a señalarte con el dedo -dijo ofuscado con los brazos extendidos.
-Bueno, algo de razón deben tener ¡si se quejan 7 de las 10 escuderías! -afirmé-. Pero aparte no le ganan a Red Bull, y no digo a los F1, ¡al camión repartidor de Malagueño!
-¡Es que no hemos podido hacer que funcionen los neumáticos! -se lamentó mientras se secaba un lagrimón y prendía una vela al cuadro-. Para colmo me han dicho que vieron la imagen de Don Enzo caminando por los pasillos. Con esta situación no puede descansar.
-¡Y le echaste a Betten!
-Es por el Covid, Yony, cambió todo el panorama! Sin presupuesto cortamos al más caro –aseguró mientras se encogía de hombros y disparaba por el pasillo con los brazos extendidos: brrr, brrr.

Salí de la fábrica pensando que a más de uno se le ha caído una tuerca con esta situación y me fui al centro de Maranello. 

Iba a tomar algo fresco en un bar cuando apareció nada menos que Lorent Esmekies, el francés director deportivo del equipo. No lo conocía pero lo abordé igual:
-Mucho gusto, soy Yony Leppego –me presenté.
-Siéntese, me han hablado de usted, su fama lo precede –respondió. ¿Una bebida? ¿Tal vez Un “vino rosso” o un “cavallino rebelde”?
-¿Acá todo tiene que ver con Fierrari?, le pregunté.
-¿Ha visto alguna estatua de algún famoso o político? No, sólo el cavallino rampante-aseguró.
-Dígame, ¿qué pasa con Fierrari que anda más lento que una tortuga embarazada?
Sacó un grabador, lo prendió y fue su propia voz: "La interacción entre lo que hace el coche y lo que hacen los neumáticos es uno de los problemas principales. Todavía estamos en una fase de exploración".
-Me lo hicieron los muchachos, me evita desgastarme al hablar –respondió en un español afrancesado- La verdad, no le ganamos a nadie, espero que empiece a dar resultados en 2021.

Extendí mi celular para que Lorent pudiera ver el sms que me había llegado: “una de las cláusulas del acuerdo entre la Escudería y la FIA es que los italianos habrían accedido a mostrarle todos los secretos (o los puntos grises del reglamento técnico) de sus autos a cambio de que la entidad le exija lo propio a sus equipos rivales…”.

Monsieur se levantó más rojo que una Testa Rossa, y salió disparado como si le hubiese robado las llaves del Mercedes a Lewis Hamilton.

Quedó claro si no puedes adaptarte a la regla, adapta la regla a ti. En 2021 todos van a estar corriendo como Ferrari, mientras sigue siendo la escudería que más dinero recibe por televisación y derechos publicitarios, pese a no ganar un título de Pilotos desde 2007 o de constructores desde 2008. La Rossa obtuvo 205 millones de dólares, y con 177 millones de dólares le siguió Mercedes, que ganó una docena de campeonatos desde 2014 divididos entre Pilotos y Constructores. 

Me fui sin saber de qué raza es el Cavallino Rampante, pero con una certeza: mientras los otros se quejan de los motores, en Maranello andan en Fierrari, pero arriba de los escritorios.

(*) Esta historia es de ficción. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Los textos y datos fueron extraídos de publicaciones de páginas periodísticas.
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