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YONY LEPPEGO: En el Camp Nou, entre el tsunami y el regreso de Stoichkov y Romario

YONY LEPPEGO: En el Camp Nou, entre el tsunami y el regreso de Stoichkov y Romario

Apenas puse mis dos pies en el aeropuerto de Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, un elegante señor de traje mostraba un cartelito con mi nombre. “Yony Leppego”. Supuse que no podía haber error así que me dirigí a él. “El señorito lo espera”, me dijo.

Anduvimos unos 20 minutos por la atractiva Gran Vía de las Corts Catalanes. Todavía me resonaba la videollamada vía whatsapp (indudablemente para ahorrar) de Rexach, asesor azulgrana.
"Venite ya, te necesitamos". Ni contesté. Tras beber mi café con matecocido, tomé mi morral, puse dos pares de media, un short, un pantalón y una revista de Patoruzito y me fui.

Tras un par de vueltas llegamos a Bellamar de Castelldefels. El coche se detuvo y el chofer amablemente me abrió la puerta. Me bajé y... tuve que cargar mis valijas, no me ayudó ni un poquito.

Al ingresar apareció Ricardo Atenti y tras mostrarme el codo para el saludo sanitario, me advirtió: “no le pregunte por Don Josep Bartolomé, porque se pone chivo”. Pasé por un par de salas hasta que llegué a un gran espacio verde con dos arquitos, y lo vi pateando una pelotita de ping pong mientras escuchaba el relato de Hernán Casciari, “Messi es un perro”.

-¿Por qué los dos arcos?, le pregunté.
Me miró extrañado, como si no entendiera mi pregunta. “Es que cuando hago un gol y me pongo 1-0, ahí nomás quiero empatar”, me respondió.
Pensé en recordarle que no pudo empatar mucho frente al Bayer, pero no quise calentar más el ambiente.

-¿Qué vas a hacer? ¿te vas o te quedás?, le consulté incisivamente, como buscando una respuesta que defina todo el asunto.
-Mirá Yony, esto no va más. Le pedí a Neymar, y nada; le pedí al Torito Lautaro y tampoco; nos metieron 8 y ahora me ofrecieron traer a un par de refuerzos de Sacachispas.
-Tal vez son buenos, acoté.
-No, sacachispas en los tobillos, son medio rústicos. Pero a esto no lo sacamos pegando patadas. Encima ahora me quieren quebrar privándome de los mates.
-¿Cómo es eso?
-Ya rajaron a Luis Suárez y Arturo Vidal, y si lo echan a Griezmann voy a tener que comprar la yerba yo, ¡eso es inaceptable!

Lío se quedó haciendo jueguitos con la pelotita de ping pong, y salí caminando hacia el Camp Nou. Llegué todo transpirado y me recibió el holandés Koeman, sentado en un escritorio paredes pintadas de naranja y con los pies encima de la mesa, mientras miraba una foto suya de 1989 con camiseta del Barsa. 

-Esos eran buenos tiempos –me dijo dándome la espalda y mirando la pared. Ganábamos todo y eramos el Dream Team. Pero Yony quedese tranquilo, tengo en claro el plan a seguir.
-Eso es muy bueno, le dije, ¿qué piensa hacer?
-Mire, he creado una distracción. Los he convencido a todos de que trataré de traer a mis compatriotas Georginio Wijnaldum, del Liverpool, y Donny van de Beek, del Ajax; al defensor del Manchester City, el catalán Eric García y el argentino Lautaro Martínez, atacante del Inter, pero no es cierto.
-Muy interesante, una distracción para bajar la cotización.
-Exacto. En cambio he pensado en rearmar un equipo y ya les mandé un preparador físico exclusivo para Hristo Stoichkov, Romario, Michael Laudrup y Andoni Zubizarreta. Ja. ¡Guardiola no quiso porque quiere seguir al frente del Manchester City!
-Pero están todos retirados, ¿no es un promedio de edad muy alto?
-Puede ser, no mucho más que Piqué, Busquets, y la tropa, que promediaban 29 años y 329 días. Pero aquellos sabían jugar en serio. 
Ronald comenzó a alejarse haciendo jueguitos, y alcancé a hacerle una última pregunta.
-¿Y Messi?
-Messi…Messi… lo voy a dejar patear penales.

Salí más confundido que garrapata en un peluche, cuando caminando por los pasillos llegué al escritorio presidencial de Josep Bartolomé. Abrí la puerta con precaución y pregunté:
-Permisoooo… ¿se puede?
-Adelante Yony, adelante. Bienvenido! Me dijo, mientras miraba un panqueque y un pedazo de pan. “No sé con qué voy a intentar cortarme –expresó-. ¡Entiéndame! Si se va Messi, me van a encerrar de por vida en la cárcel de Cataluña, no sé qué hacer! Encima Miralem  Pjanic dio positivo de Covid! Tengo todo en contra!”, se lamentó mientras se le caía un lagrimón.
-¡Y no lo deje ir! –exclamé.
-No es tan fácil. Messi quiere que compre al Bayern completo, salvo Gnabry, así juega él. ¡Pero no tengo dinero! Es más fácil que lo venda al Bayern y yo me haga presidente de club alemán!
-Tal vez no haga falta tanto. Tiene a Marc-André ter Stegen, Clément Lenglet, Nélson Semedo, Frenkie de Jong, Ousmane Dembelé, Antoine Griezmann, Ansu Fati…
-¡Tiene razón! Los voy a declarar intransferibles con Lio (así fue como le terminé dando la idea y efectivamente lo hizo).
-¿Y por qué Koeman? Fue muy criticado por Gerard Deulofeu, un joven futbolista que estaba catalogado como el “Nuevo Messi” acá. 
-¿Qué dijo?, inquirió Josep.
-“ A mí no me aportó absolutamente nada. No fui feliz, pedí salir y me fui al Milán”.
-¿Y dónde está ahora?
-En el Watford de Inglaterra, peleando el descenso.
-Listooooooo –dijo levantándose con el panqueque y el pedazo de pan en la mano.

Un empleado me arrebató la taza de café de la mano y entendí que debía irme. Descendí por las escaleras de las oficinas del Camp Nou y aproveché a recorrer el Museo, donde están las réplicas de los balones de oro de Messi.

En el camino vi una cesta con un montón de celulares de alta gama abandonados. Miré a un guardia que caminaba por ahí y le pregunté para qué eran. "Son los celulares del equipo que perdió con el Bayern en Lisboa. Todos tienen miedo de que Koeman los llame para decirles que no los tendrá en cuenta y por eso los dejaron acá. Están incomunicados", me contó mientras se agarraba el celu de Suárez, que tenía una marca de una mordida. "Eso pasa cuando se pone nervioso", agregó mientras lo limpiaba un poco y se lo guardaba en el bolsillo.

Unos pasos más adelante me encontré con la sala de trofeos, y oh sorpresa, allí estaba “el Kun” haciéndose selfies y escuchando cumbia.
-¡Hola Kun!
-…
-¡HOLA KUN!, grité.
-Ah, hola Yony. ¿Viniste a arreglar este quilombo?
-Algo así, ¿vos que hacés acá?
-Estoy viendo si hay un lugarcito en este equipo, ahora que se está renovando solo. Pero parece que los sueldos van a bajar, así que no sé.
-Tenés alguna chance, porque sos muy amigo de Lionel.
-Tal vez, pero también tengo una oferta a ver si se hace celeste.
-¿Del Manchester?
-¡No, si va a ser Belgrano!
-Bueno, tampoco se burle, en Alberdi lo tratarían bien. ¡Además tendría con quien tocar la pelota!

Me fui medio ofendido con el comentario del Kun, y soñando con lo bueno que sería un super equipo con el Mudo Vázquez y Matías Suárez, pero no lo vi viable por el momento, tal vez en 50 años. 

Caminando por La Rambla hacia el mar, evalué que todo el mundo aún duda de la salida de Lio de Barcelona. Me interné por el antiguo y mágico barrio Gótico, y mientras veía el fabuloso frente de la Basílica de Santa María del Pi, me llegaron dos whatsapps casi en simultáneo: “sabemos que estás en el Barsa”. Uno venía de Manchester y el otro de París.

Sonó el teléfono y atendí: "Hola Pep!".
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