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MUNDIAL DE RUSIA 2018: Final de una bolsa de ilusiones desordenadas

MUNDIAL DE RUSIA 2018: Final de una bolsa de ilusiones desordenadas

Francia 4- Argentina 3. El resultado de un partido que tuvo un final demasiado benigno para la selección argentina, y que la sacó del Mundial de Rusia 2018. El punto final de un montón de jugadores ilusionados, encabezados por Lionel Messi, que creyeron que solos podían lograr el milagro de traer la Copa.

Lo cierto es que ahora las críticas se alejan para ver el bosque y vuelven su mirada a la AFA, a la dirigencia improvisada, a la falta de preparación, al técnico sin respuestas y distanciado de los jugadores, al plantel sin renovación, y la tanda de técnicos que se alejaron del equipo por la crisis eterna del fútbol argentino.

La historia dice que los equipos campeones surgen porque funcionan tres patas: cuerpo técnico, jugadores y dirigencia. Argentina fue un equipo huérfano que, desde hace mucho tiempo, no tiene una línea de juego y flaquea desde la propia organización del fútbol argentino.

Repasemos la historia. La mejor época de Argentina en los Mundiales va desde 1978 a 1990. Comenzó con una revolución que instaló "el Flaco" César Menotti al imponer la Selección como prioridad, por encima de los clubes y el campeonato local. Fue el Mundial '78 de Mario Kempes, Ardiles, Passarella y otros gigantes campeones. Esa prioridad no existe ahora.

Y luego vino un trabajador como pocos con Carlos Salvador Bilardo, un Maradona genial y un equipo pleno de jugadores con personalidad (Ruggeri, Brown, Giusti, Enrique, Valdano), para consagrarse en 1986, y tener el último chispazo con la final de Italia '90 (Caniggia, Goycoechea, Olarticoechea, Batista). Ese trabajo no estuvo.

Después hubo dos técnicos elogiados en el mundo por su profesionalismo (Marcelo Bielsa y Néstor Pekerman) y la AFA los dejó ir. Hoy Pekerman dirige a una ambiciosa Colombia. Y otro no quiso agarrar: Diego Simeone, el mejor entrenador en un club del mundo en 2016. La última vez que se ganó algo fueron las Copa América 1991-1993 (y se critica tres finales seguidas); y la última vez que un equipo de Messi tuvo un co-conductor a su lado en la cancha fue Juan Román Riquelme con Basile.

Desde entonces, pasaron Basile, Maradona y Batista. Sabella, digno hijo de la escuela Bilardo, trabajador y profesional, recuperó el orden y le dio a Messi un equipo que le permitió ser subcampeón en Brasil 2014 (y con un poco de suerte, pudo ser campeón). Y después, otra vez la debacle: pasaron Martino, Bauza y Sampaoli en el banco; se clasificó de milagro; la AFA pasó papelones nacionales e internacionales; y en Rusia un milagroso pie puesto por Marcos Rojo le dio un pase a octavos en Rusia.

Este de Sampaoli fue uno de los equipos de mayor promedio de edad del Mundial porque no hay recambio, y los técnicos reconocidos no quieren incinerarse en la desorganización de AFA. El golpe de timón que hay que dar empieza por recuperar la coherencia dirigencial, que ordene la institución, los campeonatos locales, y el nivel de desarrollo de jugadores. Y sigue con un cambio de 180 grados en la selección. Y buscar un técnico serio y a la altura de las circunstancias, porque jugadores siempre hay en Argentina, ese talento es innato. En algunos aspectos, la selección es el reflejo del país.
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