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TENIS: Córdoba renacerá sólo desde su núcleo histórico

TENIS: Córdoba renacerá sólo desde su núcleo histórico

Por Fabián Sacarelli (*). Cuando llegué al tenis, en 1988, el tenis de Córdoba vivía quizá la peor crisis de su historia. En los torneos de menores, en el total de sus categorías (de preinfantiles a juveniles), el total de jugadores promediaba los 60 menores, y los torneos por categorías no reunían esa cantidad. 

Sin embargo, en sus canchas se gestaban las condiciones para un reverdecer que alcanzaría con David Nalbandian su máxima expresión. Eran los tiempos de los duelos de Marcelo Ingaramo y Gustavo Giussani en torneos de exhibición; de los hermanos Marcelo, Horacio y Sebastián Pacheco (después se sumaría Agustín); y de una luz incipiente de apellido vasco: Inés Gorrochategui.

Pero junto a ellos había profesores que dejaban su vida en las canchas, con un enorme compromiso por mejorar en sus conocimientos, y una dedicación más vinculada a la vocación y a la madera profesional que al dinero. Así, detrás de cada buen jugador (y había muchos), había un profesor-entrenador que no quería ver perder a su pupilo. Ernesto Martín, Pepe Lescano, los hermanos Giussani, Leonardo Lerda, los hermanos Gariotti, el Negro Juan Carlos Sombra, Alfredo Rizzuto eran referencia, por citar sólo algunos.

Y, por otra parte, un sistema que fomentaba la competencia con filtros duros de superar, pero a la vez la convivencia en el tenis y la transferencia de historia y tradición: todos reconocían y respetaban el legado del Chango Pérez, Ivanna Madruga, Negro Vocos o Liliana Giussani.

Pero con los cambios, la globalización, el furor y la expansión, todo ese microclima tenístico se fue diluyendo. Ingresó una masa de jugadores de tenis pero no de tenistas, no hubo más pertenencia a los clubes, y los nuevos profesores se enfocaron más por recaudar que por formar. En el camino, se diluyó una camada de jugadores que deberían haber tomado las riendas de aquella generación de formadores,y el sistema de competencia se encargó de destruir lo que quedaba priorizando a quienes tenían dinero para viajar.

Hoy el tenis cordobés sigue sin encontrar la solidez de aquellos años. Tal vez no volverán, pero si quiere recuperar el brillo, las líneas deben se trazadas por aquellos que tienen la visión original histórica. Hoy no quedan dudas de la capacidad de Ernesto Martín (Tortuga Tenis) y Leonardo Lerda (LFM Tennis Group) en la formación de jugadores; ni que el Córdoba Lawn Tenis es la nave madre del tenis cordobés y donde se está armando un estilo rígido y enfocado de conducción y gestión; y que pocos pueden desarrollar el tenis femenino mejor que Ivanna Madruga, Inés Gorrochategui y Clarisa Fernández.

Aún no ha madurado, pero está el proceso. Y está claro que, aunque las herramientas y métodos a aplicar deban ser modernos, el tenis debe recuperar su esencia en la toma de decisiones para salir adelante. Hay suficiente historia como para que las cenizas vuelvan a encenderse.

(*) Periodista, exclusivo para Talento Sports.
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