El "hambre de piel" y los abrazos, un episodio neurológico que confirma que fuimos programados para tocarnos

El Covid-19 nos afecta de maneras evidentes pero también algunas inimaginables hasta el arribo de la Pandemia. En un artículo publicado por Rocío Mendoza en el sitio diariosur.es, deja en evidencia el "hambre de piel", una necesidad humana que nunca nos había faltado.

Lo que está claro es que el abrazo cumple una función social para todos nosotros. Nos abrazamos para demostrar afecto hacia alguien. Más allá de los convencionalismos, cada abrazo tiene un significado por sí mismo y son numerosos los estudios que demuestran que abrazar aporta seguridad y nos hace sentir bien, con lo que tiene beneficios sobre nuestro estado de ánimo.

"La ausencia de tacto es un factor de estrés añadido a las personas aisladas en solitario con respecto al resto. Bautizado como 'hambre de piel', se trata de un episodio neurológico que revela por qué necesitamos el contacto y cómo su ausencia nos deteriora", explica la autora del texto.

Los humanos están "programados por naturaleza" para tocar y ser tocados. La piel, de pies a cabeza, es el órgano encargado de recibir una gran cantidad de información valiosa para la vida. "A través del sistema somatosensorial, transmitimos al cerebro las diferentes cualidades de los contactos que se dan con el entorno. Desde la piel, la información camina a través de sistemas complejos que finalizan en la corteza cerebral y es nuestro cerebro el que procesa toda esa información", explica Pablo Eguía, Neurólogo y Vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Esa información del entorno es muy variada: desde conocer la temperatura hasta la posición del cuerpo en el espacio. Pero también es el canal por el que interpretamos las muestras de afecto. "El cariño es otra necesidad del ser humano y el contacto físico es una de las principales formas de obtenerlo. Independientemente de cómo lo llamemos, es una necesidad que se ha estudiado ampliamente", apunta Eguía.

"Parece que también tiene un efecto analgésico: se han publicado varios estudios en este sentido y todo parece indicar que, si es empático, el contacto activaría mecanismos cerebrales que ayudarían a controlar y a soportar mejor el dolor".

El término 'hambre de piel' es empleado por el Instituto de Investigación del Tacto de la Universidad de Miami en sus estudios. Tiffany Field, una de sus miembros, recuerda en un trabajo reciente que el diseño sensorial del ser humano a través de la piel está pensado "para aumentar nuestros sentimientos de bienestar en entornos sociales". Estar juntos, recuerda, optimiza las posibilidades de supervivencia. Así, la soledad también hace que percibamos la realidad como una amenaza. Por eso "cuando sufrimos ansiedad por alguna circunstancia una sola palmada en la espalda ayuda".

Hay dos etapas en la vida en las que "el contacto empático", como es denominado por la Neurología, es de vital importancia: cuando se es un bebé y en la senectud. Los abrazos ayudan a los bebés en su desarrollo. Según un estudio de la Universidad de Duke, los abrazos son determinantes para el desarrollo neuronal en los primeros años de vida. Por otro lado, "hay estudios que sugieren que aquellos que han sido privados de ese contacto físico en los primeros meses de vida desarrollan más problemas psicológicos en la edad adulta", apunta Eguía.

En el otro extremo, "cuando pensamos en los adultos, la soledad ejerce un efecto muy negativo sobre las personas y es probable que en parte sea por la ausencia de contacto físico", añade el doctor. De hecho, uno de los consejos para tener un cerebro sano que suelen dan los especialistas es potenciar las relaciones afectivas y evitar el aislamiento social. Es más, tal es su importancia que sus beneficios parecen ir más allá. "Parece ejercer algún tipo de efecto analgésico. Se han publicado varios estudios en este sentido y todo parece indicar que, si es empático, el contacto activaría mecanismos cerebrales que ayudarían a controlar y a soportar mejor el dolor", afirma el vocal de la SEN.

"Necesitamos cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho abrazos para mantenernos y doce abrazos para crecer", asegura la famosa psicóloga estadounidense Virginia Satir para disfrutar de una buena salud.

La nueva normalidad cambiará nuestras vidas. Porque el Covid puede retroceder, pero hay cambios (hasta convenientes) que perdurarán en la sociedad. Sin embargo no hay que perder el coraje para tratar de recuperar aquel contacto que nos hace manifestar nuestro afecto, la amistad y el amor por el otro. Con cuidado, podremos volver a sentirnos muy cerca del otro. No falta mucho para el 21 de enero, Día Internacional de los Abrazos. Quizá sea el momento de recuperar por unos segundos, algo que creíamos tan natural, y que nos pertenece.

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