LESIONES: "El mejor tratamiendo del esguince es el movimiento" (por Melisa Sacarelli, PF)

Por Melisa Sacarelli (*). Una de las lesiones más comunes, sobre todo en gente joven, es el esguince de tobillo. Es una lesión que, si bien tiene tres grados de complicación, siempre está la posibilidad de caer en una inestabilidad crónica, que conlleva a una debilidad muscular, la laxitud ligamentosa, y un déficit crónico propioceptivo y de control postural.

Ese déficit de control postural que produce condiciona las actividades diarias y las deportivas, en el caso de que practique alguna disciplina. Generalmente se da frente a la inestabilidad lateral de la articulación del tobillo, que disminuye la capacidad de controlar la estabilidad y la orientación del cuerpo en el espacio.

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El equilibrio postural es una coordinación del sistema musculo-esquelético y del sistema neuronal. Esa coordinación hace que uno no se caiga; aunque esté parado sin movimiento se mantiene el equilibrio postural.

Hay determinadas alteraciones del esguince, por daños en los mecanoreceptores, que son los encargados de la transferencia de la información que se encuentran en el ligamento y la cápsula articular.

Lo que podemos observar en los test funcionales, sobre todo los dinámicos, es que los sujetos, como consecuencia de este esguince, tienen menos alcance de posiciones extremas, le lleva más tiempo lograr la estabilización y tienen menos control en caídas.

Como tratamiento hay dos puntos: el pos-esguince Grado 1 exige al menos dos o tres días con hielo, reposo y elevaciones; y a medida que se complejiza el grado se necesitan más días. Pero está comprobado que el mejor tratamiento es el movimiento. Una vez que pasamos la fase 1 (reposo y hielo) hay que volver rápido a la rehabilitación del movimiento. 

Generalmente, en los Grados más complejos, estos primeros días se trabaja con kinesiólogos, pero después pasa a manos de profesionales de la actividad física. Entonces trabajamos la rehabilitación del movimiento de la fuerza, activando el músculo peroneo-largo, y trabajo de estabilidad del tobillo. Una vez que cumplimos los objetivos de esa fase, pasamos a la siguiente que es trabajo de habilidades específicas, funcionales para la vida diaria de la persona o en el caso de que sea deportista, habilidades específicas de su disciplina. Una vez superada esta etapa es cuando puede volver a la cancha.

Como método preventivo, usamos un criterio de evaluación que se llama “rango de movimiento” del grado de movilidad de una articulación (en este caso tobillo). Lo que buscamos es evitar la rigidez articular, pero no solo aplicando un entrenamiento de flexibilidad, sino entrenando la aplicación de la fuerza en esos ángulos nuevos que logramos. Ese trabajo que es buscar la amplitud de movimiento, permite lograr el control del movimiento. Si logramos aplicar la fuerza en esos nuevos ángulos que creamos con la flexibilidad, vamos a tener el control del movimiento.

Con un mayor rango de movimiento de dorsiflexión, las posturas de aterrizaje son consistentes y producen menos riesgo de lesiones (del ligamento cruzado-anterior por ejemplo), y limitan la fuerza que las extremidades inferiores deben absorver en una caída, o del trote. Si en el trote tenemos un rango de movimiento limitado, se convierte en un factor de riesgo importante para sufrir esguinces.

(*) Profesora de Educación Física egresada del IPEF. Lic. en Educación Física con orientación en Fisiología del Ejercicio, Alto Rendimiento y Rehabilitación Cardíaca, y especialización en Salud.
Directora de Saona, servicio de Entrenamiento Funcional personalizado.
Consultas para planes de entrenamiento: (+54 9 376) 502-1736 / saona.funcional@gmail.com

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