VICENTE “EL CHINO” FERNÁNDEZ: El gran campeón de golf que nunca dejó de ser caddie

Está claro que cuando uno se sienta a hablar con Vicente “el Chino” Fernández, el golf es un tema ineludible. Pero a medida que avanza la charla, este exitoso golfista argentino, nacido en Corrientes y ganador de más de 80 torneos por todo el mundo, termina siendo un guía por los caminos de la vida. Surgido de una sacrificada familia de trabajadores, encontró en el golf la posibilidad de manifestar su perfil de deportista de excepción, pero sobre todo alguien que supo alcanzar el éxito manteniendo la filosofía de sus orígenes.

“El Chino” vino a Córdoba invitado por Claudia Zurueta del Carlos Paz Golf, para participar del clásico torneo por el Día Internacional de la Mujer. Y aceptó gustoso, claro. “Me gustan mucho ese tipo de eventos, y que mi pasión y profesión que es el golf, sea el móvil me parece muy lindo”, cuenta.

El perfil de Don Vicente, que el 5 de abril próximo cumple los 72 (estoy a punto de alcanzar el par de la cancha), tiene la mística de los golfistas que han surgido como caddies, desde abajo, y se han adaptado con sacrificio a un deporte que los pone en otra condición. Por eso no es Fernández, sino Don Vicente.

“Es una satisfacción enorme. Pero en mi caso se fue dando casi naturalmente. Nunca se me ocurrió que podía conseguir lo que conseguí. Empecé a jugar al golf porque me gustaba, y sigo jugando porque me gusta. En el medio se dio una linda vida. Encontré en el golf al futbolista que no pudo ser porque tuve parálisis en la pierna derecha de nacimiento. Se ve que ese deportista se forjó en el golf a través del impulso por practicar algún deporte”, reconoce. “Es muy lindo en ese camino de la infancia hasta el día de hoy. Haber podido lograr conocimiento y crecimiento como persona. Para mí el golf es como la vida, uno aprende todos los días y nunca termina de hacerlo. Tiene los valores, las leyes no escritas que son el respeto por el otro, la ética. Eso viene desde la educación que me dieron mis padres, es una extensión en la educación y el crecimiento”, agrega.

-Cuando te iniciaste en golf tu familia estaba ajustada económicamente, y vos tenías una vida digamos “más aliviada”, ¿Cómo sentiste ese contraste?
-Uno de mis hermanos, Raúl, que ya se “fue”, era quien tenía dos trabajos. Trabajaba de noche hasta las 6 de la mañana, y tenía una peluquería en casa, porque mi padre había sido peluquero; y Raúl siguió los pasos del viejo. Venía a las 6 de trabajar, se acostaba a dormir, y se levantaba si venía un cliente. Yo me levantaba un poquito más tarde para ir a entrenar. De los 9 a los 15 años, como caddie ganaba muy bien. Con lo que yo ganaba como caddie podía pagar los gastos de toda la familia del mes. Y cuando cumplí 15 años y gané el Campeonato Nacional de caddies, me ascendieron a aspirante a profesional en el club Hindú, en don Torcuato. Como aspirante no podía hacer más de caddie, dejé de percibir ese dinero y empecé a tener gastos. Poco a poco fui perdiendo el poder adquisitivo, y veía cómo mis hermanos trabajaban mientras yo hacía la vida de bacán porque tenía la vida de deportista. 

-¿Y cómo los manejaste?
-Practicaba 8 horas en invierno y hasta 12 en verano. Dormía la siesta para poder tener energía para ir al gimnasio, pero en esa época no se tenía la visión del golf profesional porque era para una elite muy especial. La gente decía “estos son millonarios, es un deporte para millonarios”. Fue difícil porque lo tuve que hablar con mi hermano, y hablé con mis padres. Se fue dificultando cada vez más porque a los 16 empecé a competir como profesional. Claro, tenía erogaciones. Tenía un pequeño sueldo en el club por ser el que le daba las salidas en el club a las mujeres los sábados y domingos. Era muy poco lo que recibía, apenas me alcanzaba para mis gastos personales, y ayudar en la casa no podía. Hubo un quiebre... Y el que se va a quebrar ahora soy yo”.


De reparto, por el peso

Un accidente de su padre llevó a los Fernández a Buenos Aires. Cuando Vicente tenía 7, su papá, encargado de un rancho, fue aplastado por un caballo. “Tuvimos que ir a Buenos Aires para que se operara y curarse. Y empezamos a salir nosotros (los hermanos) para arrimar el peso. A los 7 años repartía carne para una carnicería en las quintas que estaban alrededor de la casa en Don Torcuato. Después, con mi hermano Félix, repartía pan con una jardinera tirada a caballos”, recuerda. 

Y sigue: “Mis hermanos son de oro…”. Su voz vuelve a quebrarse y sus ojos se humedecen. Habla con el corazón: “eramos ocho hermanos y los dos padres. Ya se nos fueron 3, el mayor Ramón Vicente, el tercero Pedro Raúl, y hace poco Antonio Víctor, que fue quien me hizo conocer el golf. Un día me sugirió hacerme caddie, era un santo”.

-Si no te hubieses formado con ese sacrificio, ¿hubieses llegado a triunfar en el golf?
-Lo digo siempre, para mí nunca fue un sacrificio. El sacrificio lo hizo mi familia, mis hermanos, en otro momento mi ex esposa, mis hijos, de quienes tuve que estar alejado mucho tiempo por las giras. Tres veces hice sacrificio, porque dos o tres veces jugué por el dinero. En unos torneos había mucho dinero en premios y lo necesitaba, pero no lo disfruté y jugué muy mal.

-Me refiero a eso, a la unidad familiar, al compromiso y esfuerzo, y a una comprensión y adaptación al entorno. Tuviste que superar todo eso para llegar.
-Nace desde el deseo y las ganas de jugar. Se fue sumando, el resto vino detrás. Y después, a medida que fue pasando el tiempo, asumí compromisos que tienen que ver con lo profesional y personal. Con mis hijos hacemos eventos solidarios que están enfocados en la salud y la educación. En Bariloche hicimos una escuelita granja en un barrio muy pobre, y el móvil fue el golf para reunir amigos y lograr los fondos. Mis esponsores me ayudaron muchísimo. Me dieron 25.000 dólares para unos torneos, e hicimos una sala en el hospital Llanos de corrientes, y dimos un tomógrafo en el hospital Juan Pablo II de Corrientes. Esas son las cosas que me llenan de orgullo. 

-Una linda manera de retribuir lo que te dieron.
-Cuando yo empezaba, Ángel Campos, Norberto Bartolomé, Leopoldo Ruiz, Valentín Cuerda, Roberto García, Roberto De Vicenzo, y me olvido de muchos, pero en ellos quiero sintetizar a todos. Porque cuando era muy joven y empezaba a tener éxito, uno se la cree, y yo me la creía, porque venía la gente, el público, las chicas, y más de uno de ellos me llamó y me dijo: “así no se maneja el camión. Vos llegaste por esto, esto y esto, seguí en el camino, no te pases de la raya con creértela. Creetela por lo que sos como golfista, pero acordate del resto". Me sirvió mucho, porque no sólo me palmeaban la espalda cuando ganaba, sino también cuando estaba a punto de hacer macana. Estos profesionales de primerísimo nivel me invitaban a su mesa y me daban un lugar. Lo único que yo hacía era escuchar, y ese fue un aprendizaje enorme.

-¿Cómo ves los golfistas argentinos que están en los circuitos?
-Por un lado la televisión trajo a la casa de muchos golfistas la chance de la parte técnica. El golf entra por los ojos. Los caddies de antes estaban muchas horas mirando swings, para poder seleccionar para sí mismo lo que a uno le servía. Eso hizo que uno aprendiera naturalmente. Hoy hay muchos profesionales argentinos de mucho talento, se ha masificado la cantidad de jugadores argentinos que nos representan muy bien. Hay que tener en cuenta que De Vicenzo, el más grande deportista que he conocido, y he conocido muchos, puso la vara muy alta y hay que tenerlo muy en cuenta para no exigir de más a los jóvenes que están saliendo. Después vinieron (Ángel) Cabrera, que ganó dos Majors; los Romero, Eduardo y Andrés; Cóceres, que ganaron en los tours más importantes del mundo.

-¿Y Emiliano Grillo?
-Su techo es muy alto, es un chico que conozco muy poco, lo mismo que a Cabrera, pero talento hay. Me gustaría que todo ese talento consiga rodearse de gente que le baje línea de la buena para el crecimiento en general, porque es importante en la carrera de un profesional.

-Su podio histórico de golfistas.
-De los que pude ver personalmente, como jugadores y como personas. Es la suma de cosas que hace a un campeón en la vida. Roberto de Vicenzo, Jack Nicklaus y Tom Watson. Me quedo corto con muchos otros, pero en esos tres represento a todos los que tienen el mismo espíritu.

-Las razones de De Vicenzo son conocidas pero, ¿y Nicklaus y Watson?
-Al igual que De Vicenzo, el jugador que más Majors ganó en la historia, ¡y cómo los ganó! Y por cómo es como persona, lo que sigue dejando y sin marketing. Tom Watson es otro gran campeón y gran persona. Es el jugador que junto al australiano Peter Tompson ganó cinco Abiertos británicos y otros Majors, y como persona extraordinario. Se le suma que conoce más de Argentina que yo. Se levanta, abre la computadora y lee los diarios argentinos. Viene con frecuencia, a Córdoba, Entre Ríos y a bailar tango.

-¿Y vos lo acompañás?
-Yo soy tronco, tronco, para bailar; yo lo puedo acompañar a bailar chamamé. Ahí si puedo.


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