AMADEO “PIRÍN” CENTO: Espíritu de motociclista, alma de corredor

“Somos hinchas de Valentino Rossi. Para mí es el mejor, es un tipo humilde, sencillo, se compra todo el público, es una barbaridad este tipo”, dice Amadeo Cento, “Pirín” desde siempre, ¿ex? piloto de motos, campeón cordobés por varios años y un verdadero referente del motociclismo cuando en Córdoba se corría en calles de tierra y era parte de la vida urbana.

“Nosotros pagamos el piso con las motos. Tenía mi tallercito, tenía mi moto y cinco o seis más. El esponsor mío era la Fábrica de aviones, me daban todo. Ahora están muy modernizados, es muy fácil andar en esas motos, nosotros no teníamos ni suspensión”, aclara.

Hablar de Amadeo es hablar de motos. Padre de Alejandro, campeón argentino, brilló a comienzos de los ’50, y hoy a los 79 todavía es capaz de subirse a una de las modernas Yamaha que compiten en los 600 Súper Sport A para sentir el vértigo en una pista.

“Trabajaba en las industrias Kaiser Argentina. Ya era corredor de motos cuando entré y también trabajaba en un taller mecánico en el que se preparaban autos de Turismo Carretera. Uno de ellos era el de Oscar Cabalén. Lo puse en la balanza y me incliné por las motos. Tenía 20 años. Corrí cinco años, salí campeón de Córdoba. He corrido muy mucho y tuve muchas satisfacciones. Después tendría que haberme inclinado por los autos, pero no pude, así que me incliné por los aviones”, resume.

-Y su hijo le salió corredor.
-Sí, Alejandro corría primero con Honda, después con Yamaha. Tenía 8 años y andaba en motocicleta, pero conmigo. Le tenía que ir pegando en la espalda para que fuera más despacio, confiesa a carcajadas.

-¿Qué lo atrae del motociclismo?
-La moto es una pasión, uno la tiene que llevar muy adentro. Uno debe tener la garra de que cuando te bajan las banderas hay que olvidarse de todos los problemas. Y yo era así. Me bajaban la bandera y me olvidaba que tenía padre y madre. En ese momento no estaba casado pero mi padre era una persona muy corta de vista e iba a todas las carreras pero no me veía. Así que la señora de mi hermano le decía ahí pasa “Pirín” o “Tito”, mi hermano que también corría. Por eso, es todo motociclismo en esta casa.

-Está en la sangre de esta familia.
-Todo esto, lo de Ale, me siento orgulloso de haberlo sembrado. Empezó con las picadas, y lo acompañé por todo el país. Cuando él corría en moto, con una camionetita recorrimos toda la República Argentina, llevábamos todas las herramientas, todo. Ahí salió campeón argentino. Fue mucho sacrificio.

-¿Cuál fue su mejor recuerdo en el motociclismo?
-Cuando salí campeón. Fue en el ‘51, ‘52 y ‘53. En la época en que yo corría había muchos pilotos y motos. Estaban las Pumas, las Gileras. Las Gileras no querían corren con nosotros porque les ganábamos. El autódromo era el Parque Sarmiento, no existía el Cabalén. Es una gran satisfacción haber corrido ahí, le cuento a mis hijos que yo corrí en la calle Colón, doblaba en la calle Jerónimo del Barco y por 9 de julio, ahí era la carrera. 

-¡En pleno centro!
-Córdoba en ese momento estaba el Círculo Puma, que donde quisiera hacer una carrera la hacía. Yo corrí en todos los barrios de Córdoba, en Pueyrredón, Alta Córdoba, acá cerca del negocio. Eran más o menos un circuito de mil metros. La Municipalidad cortaba las calles y se hacía una carrera de motos. Cuando se hacía en el Parque Sarmiento era un mundo de gente. En ese tiempo corrían las 500 cc.

-Cuando ve un piloto, ¿sabe si va a ser bueno?
-Sí. Lo veo físicamente y hablando con él, por su forma de ser. Me doy cuenta cuándo uno va a andar y cuándo no. Tiene que tener garra para esto, hay que acelerar porque sino no anda la cosa. Para salir cuarto, quinto o sexto no me subía a la moto. Ale tiene garra. Dejó de correr pero tiene su moto de entrenamiento y lo veo en el Cabalén: anda tanto como los chicos que corren para él, incluso un poco mejor. 

-De tal palo, tal astilla.
-Sí, de tal palo tal astilla. Hay que ser un poco nervioso para todo esto porque sino…, recién hay que calmarse cuando te bajaron la bandera.
-¿Qué sintió cuando dio vueltas en el Cabalén días atrás?
-Una barbaridad, muy bien todo. Cuando terminamos el domingo me dijo Ale: “papá, todo muy bien pero tenés que inclinar la moto un poco más”. Entonces lo agarre del hombro y le dije: “tengo 79 años, 50 por ciento menos de guita que vos y 50 por ciento menos de reflejos que vos”. Me pegó una palmada y me dijo: “tenés razón”.

-¿No lo reta su esposa?
-¿Cómo se dio cuenta? (risas). No quiere que me suba a la moto. Me gusta acelerar en las curvas y en la recta ando a 280 km por hora. Y dirá “está loco este tipo”. Pero nací arriba de una moto. Me dice: “te vas a caer y te van a juntar todos los huesos”.

-Hoy sigue también con su negocio de venta de repuestos y taller en Diagonal Ica.
-Este negocio nació cuando dejé las motos, hace 52 años. Tiene más de medio siglo. Lo pusimos con mi hermano que estuvo 25 años conmigo, y lo seguimos con mi familia. Mi señora que me dio una mano muy grande en la venta de repuestos. Y después estuvo Alejandro, que de chiquito lo metí acá adentro y se fue haciendo. Y hoy está donde está.

-Digame don Amadeo, ¿Valentino Rossi podría haber corrido con la Puma en la que corría usted en los ‘50?
- No podría correr en nuestras motos. Ellos empezaron con eso tan moderno que es el GP. Hubo un avance tremendo en el motociclismo. Acá le hubiese ganado.

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