JUAN PABLO SANDIVARES: Un hombre que va más allá de lo esperado

Quizá sea acertado decir que el valor no está en lo alto que se llega, sino en los obstáculos que se superan hasta encontrar el lugar. Juan Pablo Sandivares (53) es empleado del Club Municipalidad y le dedica su vida al club y a los que trabajan en él. Incluso va más allá de lo que uno puede esperar, y la gente se lo retribuye con afecto.

“Lo que pasa es que hace años que estoy en este club, y me hice querer por toda la gente, la gente me quiere mucho a mí. Siempre estoy al servicio de ellos porque haya lo que haya, eventos, siempre estoy para lo que pidan. En lo que sea, en una hora, en media hora, no sé, pero las cosas salen como ellos quieren. Por eso me aprecia la gente, los profes... los quiero un montón. Soy así, debe ser que llevo la camiseta del club Municipal”, justifica.

El trabajo es para él mucho más que una manera de ganarse un sustento. Es una forma de vida, de relacionarse, y de recibir el afecto que genera el agradecimiento. “Soy así. Soy una persona que trabaja, me gusta trabajar y me gusta demostrar al socio y a todas las personas, lo que soy. Soy empleado, me pagan para esto. Hago lo que corresponde”, aclara.

Pero lo verdaderamente importante en la historia de Juan Pablo, “el Negro”, es sobre qué construyó ese lugar, el camino que fue eligiendo. “Fui una persona que de muy chico he sufrido. Me fui a los 12 años de mi casa, por eso soy como soy. Me gusta trabajar, sábado y domingo, no tengo día ni horario para trabajar. Yo soy así y a este club le agradezco un montón porque gracias a esto terminé la primaria, terminé el secundario y sigo para adelante. Ahora hago un curso de electricidad, porque es muy importante para mí. Todo lo que hago, para mí, es muy importante. Aparte hago muchas actividades, salgo a correr, camino, ando en bici, no tengo horario,… hago jardinería, pintura, de particular”.

Su mamá los dejó de muy pequeños en un colegio de curas de Buenos Aires, y su papá, albañil, los trajo a vivir a barrio Arenales, camino a Montecristo (Córdoba). Vivía de changas pero su padre era alcohólico. 

“Trabajaba con mi viejo, y mi papá era un hombre que tomaba. Yo trabajaba para mantener a mis hermanos más chicos. Hacía changas, trabajaba para mis hermanos, y mi viejo una vez se enojó y me dijo que si no le daba plata, que me fuera de la casa. Así que agarré la valija y me fui.
Yo laburaba en un peladero, criadero de pollos, y a los 17 ó 18 trabajé en un taller de chapa y pintura. Le agradezco a la vida y a Dios porque nunca me faltó el trabajo. Trabajaba en un lado y donde salía, conseguía trabajo en otro lado. Trabajé en la panadería Gloria y aprendí a ser repostero. Trabajé acá (en el Club Municipalidad) con Mateo y la gente hacía cola para comprar medialunas, siii, yo hacía todo –reflexiona satisfecho-. Después me fui a Piumetto, fui pintor, pero la fábrica se fundió y volví acá con Mateo y trabajé de mozo. Todo eso me dio la vida, cosas hermosas”. 

Habiendo dejado su hogar paterno encaró la vida con honestidad. Pudo haber elegido cualquier camino, pero optó por el correcto. “Otra cosa que es importante es que cuando quería hablar con alguien me sentía mal porque no podía hablar o no podía decir nada, era como una persona analfabeta, que no sabe qué decir. Y hoy agradezco haber terminado de estudiar porque soy una persona que puede conversar de cualquier cosa con cualquiera. Eso es lo mejor para mí, poder hablar con la gente, y explicarle y decir muchas cosas. Eso es lo lindo”.

Hoy tiene una familia, una esposa y cuatro hijos de entre 19 y 25 años. “Ahora seguimos con los nietos, tengo cuatro, es hermoso”. El deporte le mejoró sus problemas de salud provocados por el sobrepeso: “me gusta porque la gente me dice qué bien que estás, estas flaco. Aparte nadie me da la edad que tengo”. 

Por su personalidad, Juan Pablo es más que un empleado. “Hoy hablo mucho con los chicos, les explico cómo son las cosas, que esto es como tu segunda casa, ‘lo tenés que cuidar porque no es mío, es tuyo’, les digo. Son cosas lindas, te respetan. Un día la gente recolectó plata para darme en una Navidad, lo hicieron como un regalo. Son cosas que uno nunca se olvida, por eso amo este club amo la gente y a los profes, porque son parte de mi vida”.

-¿De dónde sacaste ese gusto por el trabajo?
-No sé de dónde salió, pero siempre fue lo mío. Lo aprendí solo y lo hago porque me gusta. En todos lados donde voy soy así. Todo lo que hice lo hice porque me gusta. No sé si habrá alguien que me haya enseñado. Todo lo hice a pulmón, a fuerza, y doy gracias a Dios por lo que soy, y por la gente, que me quiere un montón.


Volver a articulos de PERFILES